45.
I.
Un retorno constante, inaccesible en su pura existencia in-
terior, parece decir que no salimos de un mismo lugar, que
no hay otro cambio que el devenir. Pátina que crea una apa-
riencia. Pero estamos en ese estado vacilante de planta acuá-
tica en la fuente de agua quieta, confundida entre los reflejos
crepusculares, entre la sombra violácea y un cielo diluído.
Retorno de la misma conversación que es solo una pantalla
para una desconocida tensión de fondo. Aura empastada en-
tre los rostros que estudian su mutua extrañeza. El cambio
es solo ese lento desplazamiento de matices anulando algo
que intentamos aferrar por empecinamiento: ese origen qui-
mérico que nos engaña con su calma aparente. Origen que es
solo creación nuestra. Gesto en una sola dirección de sentido.
Ritual complicado aprendido en la hondura de este vacío.
Surgen nombres propios, claros, definidos, definitivos, como
trazos ingrávidos sobre rostros espectrales, mientras se im-
pone un paisaje hecho de silencio.
II.
El turbio remanente detrás de una voz desarticulada. La
presencia espectral de la unidad mas allá de los fragmentos
como principio o como destino a llegar. Quedan gravitando
en el vacuo espacio de una estética potencial como el polvo
finísimo en el oblicuo rayo de sol. El áspero sonido de los pa-
sos en el camino de grava, opacado por el canto quebrado
y azogado de un pájaro cristalizando la extrañeza de la ma-
ñana. Esencia replegada hacia el útero de la fuente, mientras
la energía del cuerpo golpea de lleno en el inconmensurable
desaliento. No como capas geológicas ni como descubrir la
edad de un árbol en los anillos del tronco. Nada es exacto.
En ese flujo continuo se oculta, precisamente, una inagota-
ble singularidad. En esa desigual distribución de la intensi-
dad (puramente subjetiva) que se enfrenta a la pétrea rea-
lidad. Como la beatitud que se percibe al caminar hacia el
oriente cuando amanece. O la angustia del poniente: los ma-
tices contrarios de la luna cuando sale o cuando se oculta.
(1993)
martes, 27 de julio de 2010
miércoles, 21 de julio de 2010
44.
La memoria de un paisaje
es la reconstrucción en la tranquilidad
de su efecto en los afectos. La extrañeza
que impregna todo lugar de origen:
es zona donde todo lo omitido se desliza
por ciertas partes del cuerpo secundarias,
marginales.
Palabras emitidas que no llegan a destino
porque ese destino se desintegró
por el roce del pensamiento, como cuando
perdemos el lugar preciso de la fuente del parque
y caminamos desorbitados, guiados por la
inestable gama cromática del instinto
y no sabemos responder las preguntas concretas
que se tornan inesperadamente ambiguas. O guia-
dos por la frescura
del amanecer en esa zona indefinida
que no es campo ni ciudad, ni día ni
noche. Nos alejábamos del centro
agobiante de la ciudad, con su sopor
de igual naturaleza que mi estado de ánimo:
constante molestia de fondo que
limitaba tus movimientos porque lo otro
-aquella mi forma de torcer la inercia
de los acontecimientos- permanecía intangible. Lluvia
secreta que renovaba la esencia de tu cuerpo,
largo y resplandeciente en la penumbra mohosa.
Aquella luz oscura que yo traía
de un tiempo anterior
como el golpe súbito de una revelación que eras
capaz de captar en el aire crispado que nos envolvía.
(1993)
La memoria de un paisaje
es la reconstrucción en la tranquilidad
de su efecto en los afectos. La extrañeza
que impregna todo lugar de origen:
es zona donde todo lo omitido se desliza
por ciertas partes del cuerpo secundarias,
marginales.
Palabras emitidas que no llegan a destino
porque ese destino se desintegró
por el roce del pensamiento, como cuando
perdemos el lugar preciso de la fuente del parque
y caminamos desorbitados, guiados por la
inestable gama cromática del instinto
y no sabemos responder las preguntas concretas
que se tornan inesperadamente ambiguas. O guia-
dos por la frescura
del amanecer en esa zona indefinida
que no es campo ni ciudad, ni día ni
noche. Nos alejábamos del centro
agobiante de la ciudad, con su sopor
de igual naturaleza que mi estado de ánimo:
constante molestia de fondo que
limitaba tus movimientos porque lo otro
-aquella mi forma de torcer la inercia
de los acontecimientos- permanecía intangible. Lluvia
secreta que renovaba la esencia de tu cuerpo,
largo y resplandeciente en la penumbra mohosa.
Aquella luz oscura que yo traía
de un tiempo anterior
como el golpe súbito de una revelación que eras
capaz de captar en el aire crispado que nos envolvía.
(1993)
martes, 20 de julio de 2010
43.
VIII
La lámpara elíptica ilumina
el desconocimiento. El velo cae
perenne y parece no haber salida.
Decir no hay puerta de entrada. Se cifra
el destino de un mundo, se juega
con una lógica que excede al habla.
No existe refugio en la ciudad, no
existe respuesta en el lenguaje. La ciudad
amenaza -viscosa- y la noche emana
de los espejos como criaturas
blancas en los alrededores de la lucidez.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
VIII
La lámpara elíptica ilumina
el desconocimiento. El velo cae
perenne y parece no haber salida.
Decir no hay puerta de entrada. Se cifra
el destino de un mundo, se juega
con una lógica que excede al habla.
No existe refugio en la ciudad, no
existe respuesta en el lenguaje. La ciudad
amenaza -viscosa- y la noche emana
de los espejos como criaturas
blancas en los alrededores de la lucidez.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
lunes, 19 de julio de 2010
42.
VII
Orbe y obra de una tribu difusa
de exhalaciones. La palabra tabla entra sola
en el cielo del día, cohibida,
claroscura. Entra a un feudo imperceptible.
El día martes
humea entonces en el nivel de la poética
de nunca llegar. La prosa porosa de una noche
blanca, mas abierta que los saludos
antes de la separación, cuando el tema esencial
se ha fugado y solo queda la fruición.
Tanto murmullo se parece al silencio:
la misma medida de la nada,
una idéntica cualidad.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
VII
Orbe y obra de una tribu difusa
de exhalaciones. La palabra tabla entra sola
en el cielo del día, cohibida,
claroscura. Entra a un feudo imperceptible.
El día martes
humea entonces en el nivel de la poética
de nunca llegar. La prosa porosa de una noche
blanca, mas abierta que los saludos
antes de la separación, cuando el tema esencial
se ha fugado y solo queda la fruición.
Tanto murmullo se parece al silencio:
la misma medida de la nada,
una idéntica cualidad.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
41.
VI
A entereza inmóvil se transfigura este todo
hecho de fragmentos, simbólicos límites
de una comprensión reducida a lo físico:
el laurel blanco del patio, el día
perdido entre innumerables, fijado
con una cruz en el calendario,
un claro acorde de una canción imprecisa,
una frase que intenta definir
y agotar una experiencia. De repente
desde siempre estuvo esa oscuridad
resplandeciente que prescinde del lenguaje.
Nítidamente resuelta en el umbral de la madrugada.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
VI
A entereza inmóvil se transfigura este todo
hecho de fragmentos, simbólicos límites
de una comprensión reducida a lo físico:
el laurel blanco del patio, el día
perdido entre innumerables, fijado
con una cruz en el calendario,
un claro acorde de una canción imprecisa,
una frase que intenta definir
y agotar una experiencia. De repente
desde siempre estuvo esa oscuridad
resplandeciente que prescinde del lenguaje.
Nítidamente resuelta en el umbral de la madrugada.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
martes, 13 de julio de 2010
40.
Se altera con el lápiz el silencio que impregna las
sienes o errando por la esfera de si mismo. Minuciosa
forma de goteo de ese pesado azogue. Supura lenta-
mente de la memoria: prolongaciones de otro mundo
como raíces que absorben su existencia para crecer.
Emigraciones translúcidas en abril, otro tenue movi-
miento que transtorna lo que parecía constante: la
costumbre, los lugares comunes del pensamiento, la
indolencia, las estrategias para evitar toda conciencia
del tiempo. Lastre de aromas, imágenes tocadas casi
con la lengua, frases intensas que se amplifican para
diluir el mundo real. Quedamos pendientes de ese su-
til capricho de cada línea que toma una alternativa i-
nesperada. Transgrede todo propósito, toda precon-
cepción. Borradores finales de la búsqueda. Trabajos
definitivos del extravío. Todo tipo de razón queda en
la otra orilla.
(DESAFORISMOS, 1988-2001)
Se altera con el lápiz el silencio que impregna las
sienes o errando por la esfera de si mismo. Minuciosa
forma de goteo de ese pesado azogue. Supura lenta-
mente de la memoria: prolongaciones de otro mundo
como raíces que absorben su existencia para crecer.
Emigraciones translúcidas en abril, otro tenue movi-
miento que transtorna lo que parecía constante: la
costumbre, los lugares comunes del pensamiento, la
indolencia, las estrategias para evitar toda conciencia
del tiempo. Lastre de aromas, imágenes tocadas casi
con la lengua, frases intensas que se amplifican para
diluir el mundo real. Quedamos pendientes de ese su-
til capricho de cada línea que toma una alternativa i-
nesperada. Transgrede todo propósito, toda precon-
cepción. Borradores finales de la búsqueda. Trabajos
definitivos del extravío. Todo tipo de razón queda en
la otra orilla.
(DESAFORISMOS, 1988-2001)
lunes, 12 de julio de 2010
39.
Las ramas de una planta obedecen a una razón utilitaria. La be-
lleza es una proyección del contemplador: una cualidad fantasma-
górica añadida. En todo caso, esa utilidad lleva en si una belleza in-
herente a un nivel de conceptos que supera los conceptos humanos
sobre lo útil y lo bello, que casi siempre son antagónicos. Esto no lo
puedo discernir claramente. Arrastra una sospecha sobre la vida in-
terior: una fisura entre el funcionamiento de la mente y su autoper-
cepción. En un punto de inflexión, todo comenzó a devenir según u-
na temporalidad dialéctica, con un entrechocar de teorizaciones. La
unidad coherente y atávica, donde la sabiduría y la búsqueda espiri-
tual genuinas eran primordiales, se perdió irremediablemente.
(DESAFORISMOS, 1988-2001)
Las ramas de una planta obedecen a una razón utilitaria. La be-
lleza es una proyección del contemplador: una cualidad fantasma-
górica añadida. En todo caso, esa utilidad lleva en si una belleza in-
herente a un nivel de conceptos que supera los conceptos humanos
sobre lo útil y lo bello, que casi siempre son antagónicos. Esto no lo
puedo discernir claramente. Arrastra una sospecha sobre la vida in-
terior: una fisura entre el funcionamiento de la mente y su autoper-
cepción. En un punto de inflexión, todo comenzó a devenir según u-
na temporalidad dialéctica, con un entrechocar de teorizaciones. La
unidad coherente y atávica, donde la sabiduría y la búsqueda espiri-
tual genuinas eran primordiales, se perdió irremediablemente.
(DESAFORISMOS, 1988-2001)
viernes, 9 de julio de 2010
38.
Mi obra es una gran sílaba hecha de innumerables sílabas
menores. Las ideas se conciben como estructura de fondo,
secundaria tal vez. Como un pretexto para el gesto de esa
gran sílaba, de ese gran mantra puramente volitivo, de esa
gran expansión de energía. Las ideas son, precisamente, lo
estanco, lo que no cambia, lo vacuo. O son apenas una tenue
y fluyente serpiente menor de la gran sílaba. Una gran síla-
ba mantra que evoca e invoca, envuelve al pasado y al futu-
ro en un mismo abrazo, como el uroboros. Tiene la misma
totalidad inmóvil e incomprensiblemente inagotable de una
esfera, de un espacio cerrado y absoluto hecho de sonido,
sonido que, como las ideas, es solo el sostén de un sólido si-
lencio. El verdadero y genuino fondo de ese todo: extraña,
inestable plenitud.
Todos los caminos frustrados y perdidos en el torbellino de
niebla y oscuridad. Todas las imágenes aleatorias que apa-
rentemente no tenían sentido alguno, y mi deriva impotente
en el error, confluyen aquí y ahora, en este deslumbrante
punto, se dibujan con precisión y extraña vitalidad. Cuando
menciono las ideas, no me refiero a las ideas racionalizables,
ya que exceden este estado. Son las ideas puramente esté-
ticas, son la quintaesencia de mi reacción estética, que es lo
único estable en mí. Por ejemplo, las intensas impresiones
de mis vacaciones en San Gregorio de Polanco. Aquellas crue-
les y espirituales vacaciones que pasamos allí con mis amigos
de entonces: enero de 1981, enero de 1982, enero de 1983.
Con Elizabeth Bishop confirmé -más que aprendí- ciertas co
sas: vislumbré ese verso de sintaxis irregular que penetra
sutil e imperceptiblemente en el siguiente, y que yo escribía
naturalmente. En mi imaginación, me sentí integrante de una
rara y singular familia de poetas (lo digo con rubor) que tam-
bién incluía a Wallace Stevens, Marianne Moore, Eliot y Wi-
lliam Carlos Williams. Confirmé la naturaleza sicosómática del
verso y no su naturaleza exterior y preceptiva.
(DESAFORISMOS, 1985)
Mi obra es una gran sílaba hecha de innumerables sílabas
menores. Las ideas se conciben como estructura de fondo,
secundaria tal vez. Como un pretexto para el gesto de esa
gran sílaba, de ese gran mantra puramente volitivo, de esa
gran expansión de energía. Las ideas son, precisamente, lo
estanco, lo que no cambia, lo vacuo. O son apenas una tenue
y fluyente serpiente menor de la gran sílaba. Una gran síla-
ba mantra que evoca e invoca, envuelve al pasado y al futu-
ro en un mismo abrazo, como el uroboros. Tiene la misma
totalidad inmóvil e incomprensiblemente inagotable de una
esfera, de un espacio cerrado y absoluto hecho de sonido,
sonido que, como las ideas, es solo el sostén de un sólido si-
lencio. El verdadero y genuino fondo de ese todo: extraña,
inestable plenitud.
Todos los caminos frustrados y perdidos en el torbellino de
niebla y oscuridad. Todas las imágenes aleatorias que apa-
rentemente no tenían sentido alguno, y mi deriva impotente
en el error, confluyen aquí y ahora, en este deslumbrante
punto, se dibujan con precisión y extraña vitalidad. Cuando
menciono las ideas, no me refiero a las ideas racionalizables,
ya que exceden este estado. Son las ideas puramente esté-
ticas, son la quintaesencia de mi reacción estética, que es lo
único estable en mí. Por ejemplo, las intensas impresiones
de mis vacaciones en San Gregorio de Polanco. Aquellas crue-
les y espirituales vacaciones que pasamos allí con mis amigos
de entonces: enero de 1981, enero de 1982, enero de 1983.
Con Elizabeth Bishop confirmé -más que aprendí- ciertas co
sas: vislumbré ese verso de sintaxis irregular que penetra
sutil e imperceptiblemente en el siguiente, y que yo escribía
naturalmente. En mi imaginación, me sentí integrante de una
rara y singular familia de poetas (lo digo con rubor) que tam-
bién incluía a Wallace Stevens, Marianne Moore, Eliot y Wi-
lliam Carlos Williams. Confirmé la naturaleza sicosómática del
verso y no su naturaleza exterior y preceptiva.
(DESAFORISMOS, 1985)
jueves, 8 de julio de 2010
37.
raya en piedra abre
sentido abierto
campo húmedo borrador
de agua que corre hacia su mundo
minúsculo allí queda un rayo de luz allí
la piel conoce por primera vez la
mañana entera hecha aroma y roce
entre tallos -sauces espinas
olor a agua dulce- color de caparazón
de tortuga inmóvil y despierta tenue
temblor en el ramaje (el otoño es
una primavera lánguida) centro
resplandeciente esfera
dorada que se expande
exhalándose (escape:
aventura silenciosa
(ASI COMO SI, 1994)
raya en piedra abre
sentido abierto
campo húmedo borrador
de agua que corre hacia su mundo
minúsculo allí queda un rayo de luz allí
la piel conoce por primera vez la
mañana entera hecha aroma y roce
entre tallos -sauces espinas
olor a agua dulce- color de caparazón
de tortuga inmóvil y despierta tenue
temblor en el ramaje (el otoño es
una primavera lánguida) centro
resplandeciente esfera
dorada que se expande
exhalándose (escape:
aventura silenciosa
(ASI COMO SI, 1994)
martes, 6 de julio de 2010
36.
exilio del
reino,
ligera
embarcación
de una
mano (estela burilada
en las altas moradas,
estética en su propia
fuente habla de si
dice su arboleda
inacabable: cerrazón como cerno
de luz súbita de
repente repentina exhalación después
de una inhalación matérica
ahí el espíritu en el polen en la
semilla áspera con centro de
agua ánima latente campo abierto
expectante
(de ASI COMO SI, 1994)
exilio del
reino,
ligera
embarcación
de una
mano (estela burilada
en las altas moradas,
estética en su propia
fuente habla de si
dice su arboleda
inacabable: cerrazón como cerno
de luz súbita de
repente repentina exhalación después
de una inhalación matérica
ahí el espíritu en el polen en la
semilla áspera con centro de
agua ánima latente campo abierto
expectante
(de ASI COMO SI, 1994)
viernes, 11 de junio de 2010
35.
el cetro de la
luz,
piedra que
respira,
luz resbalando
hecha laguna, alrededor
titurel
en la
disolución del parque: quintaesencia,
conversación entre
las hojas
doradas por la
mirada,
consumación que
alborea,
vaso de musgo y
alma,
calma de
campo, agua
creciente
renacida en la tarde
póstuma para la
tibieza de la mañana,
hace un pago, un
lugar solo y
absoluto,
suelto de toda
herencia: se hace herencia
sola, infancia en
claror difuminada en su
enigma, en si misma (viene y
va una
guitarra de lejos, una
milonga espectral)
en su grial líquido y a-
zulado:
paraje de sombra que
rodea,
paisaje tras la lluvia
(ASI COMO SI, 1994)
el cetro de la
luz,
piedra que
respira,
luz resbalando
hecha laguna, alrededor
titurel
en la
disolución del parque: quintaesencia,
conversación entre
las hojas
doradas por la
mirada,
consumación que
alborea,
vaso de musgo y
alma,
calma de
campo, agua
creciente
renacida en la tarde
póstuma para la
tibieza de la mañana,
hace un pago, un
lugar solo y
absoluto,
suelto de toda
herencia: se hace herencia
sola, infancia en
claror difuminada en su
enigma, en si misma (viene y
va una
guitarra de lejos, una
milonga espectral)
en su grial líquido y a-
zulado:
paraje de sombra que
rodea,
paisaje tras la lluvia
(ASI COMO SI, 1994)
martes, 8 de junio de 2010
34.
Lo personal, lo individuado, son las ideas y los conceptos. Una pura
actividad sicosomática que los convierte en ilusorios. Lo esencial se-
ría tratarlos y traducirlos rítmicamente. No imponerles un ritmo y
una estructura exteriores, sino descubrir y hacer visible su inheren-
te y propio proceso rítmico y formal. En este sentido, por empatía o
contraste (o contrapunto), entrarían a formar parte de un flujo rít-
mico y formal supraindividual. De otro modo, permanecerían en su
nebulosa innominada.
Me enfrento con este problema que, desde otro ángulo de visión, pa-
rece una solución, cuando compruebo profunda y lúcidamente que to-
dos los poemas son menores y que su realización es sumaria. Hay al-
go que los excede y desborda: la ausencia absoluta de poesía o el in-
definible y vasto lugar de la poesía, donde los poemas son apenas e-
mergencias, rizaciones. El lenguaje, marcado en su materialidad, si-
mula una nada de poesía. O apenas la realiza, como esos días sin
poesía, los poéticos días sin poesía, colapsados después de un pro-
ceso febril de escritura que no logra reconstruirlos por entero.
(DESAFORISMOS, 1988-2001)
Lo personal, lo individuado, son las ideas y los conceptos. Una pura
actividad sicosomática que los convierte en ilusorios. Lo esencial se-
ría tratarlos y traducirlos rítmicamente. No imponerles un ritmo y
una estructura exteriores, sino descubrir y hacer visible su inheren-
te y propio proceso rítmico y formal. En este sentido, por empatía o
contraste (o contrapunto), entrarían a formar parte de un flujo rít-
mico y formal supraindividual. De otro modo, permanecerían en su
nebulosa innominada.
Me enfrento con este problema que, desde otro ángulo de visión, pa-
rece una solución, cuando compruebo profunda y lúcidamente que to-
dos los poemas son menores y que su realización es sumaria. Hay al-
go que los excede y desborda: la ausencia absoluta de poesía o el in-
definible y vasto lugar de la poesía, donde los poemas son apenas e-
mergencias, rizaciones. El lenguaje, marcado en su materialidad, si-
mula una nada de poesía. O apenas la realiza, como esos días sin
poesía, los poéticos días sin poesía, colapsados después de un pro-
ceso febril de escritura que no logra reconstruirlos por entero.
(DESAFORISMOS, 1988-2001)
lunes, 31 de mayo de 2010
33.
tehanu, campo de cinabrio, traídos por el
viento de palabras se horizonteaba
en otro sentido:
murmullo candente,
rumor
nuestro, cadencia
arborescente, vaivén entre
líneas, entre halos, entreabierto,
aparición pura: pura apariencia
sólida
que se hace
influencia líquida,
fluencia de alma,
ventana abierta a la
tormenta, anillo brillante entre
árboles abiertos también, historia
pura, verdad con olor a tierra, alma
magnética, llama verde del sauce,
cadencia otra, lámpara vertical
abriendo la penumbra de la casa en
el otro tiempo nuestro allá lejos:
remolino de hojas y agua, chubasco,
charco hermético, luna caída
(ASI COMO SI, 1994)
tehanu, campo de cinabrio, traídos por el
viento de palabras se horizonteaba
en otro sentido:
murmullo candente,
rumor
nuestro, cadencia
arborescente, vaivén entre
líneas, entre halos, entreabierto,
aparición pura: pura apariencia
sólida
que se hace
influencia líquida,
fluencia de alma,
ventana abierta a la
tormenta, anillo brillante entre
árboles abiertos también, historia
pura, verdad con olor a tierra, alma
magnética, llama verde del sauce,
cadencia otra, lámpara vertical
abriendo la penumbra de la casa en
el otro tiempo nuestro allá lejos:
remolino de hojas y agua, chubasco,
charco hermético, luna caída
(ASI COMO SI, 1994)
viernes, 28 de mayo de 2010
32.
Un malestar, una visión oscura y pesimista esencial. Si éste es el punto
de partida, el origen (y me temo que sí lo es), desearía no hacer nada,
quedarme definitivamente quieto en el útero de la caverna. Un senti-
miento de tener con lo que llamo "realidad externa" un conflicto, un en-
frentamiento irreconciliable. Sospechar que es un movimiento originario,
fundacionaly metafísico. Una escisión que hace de mí una diferencia. Siem-
pre me he sentido así. Desde la infancia. Llamado a realizar algo singular.
Supongo que innumerables personajes risibles y temibles han sentido
lo mismo.
(1987)
Un malestar, una visión oscura y pesimista esencial. Si éste es el punto
de partida, el origen (y me temo que sí lo es), desearía no hacer nada,
quedarme definitivamente quieto en el útero de la caverna. Un senti-
miento de tener con lo que llamo "realidad externa" un conflicto, un en-
frentamiento irreconciliable. Sospechar que es un movimiento originario,
fundacionaly metafísico. Una escisión que hace de mí una diferencia. Siem-
pre me he sentido así. Desde la infancia. Llamado a realizar algo singular.
Supongo que innumerables personajes risibles y temibles han sentido
lo mismo.
(1987)
martes, 25 de mayo de 2010
31.
vencido ese hiato venido como
un pandemonio del parque de sal, ahí
exhibiendo la dureza de un gesto
puro, quintaesencia de horizonte, vista
entera, obsesiva, en el hueco ennegrecido
que se traga todo: mareas, ramaje, ideas
y palabras, deja todo en un estado de
muerte en vida, la creciente oscura y
turbia del arroyo anegando el monte y
las últimas calles allá donde fuimos tantas
veces dejando infancia y adolescencia sobre
la piedra del sacrificio ritual, sin entender
nada, solo retorno del pensamiento
previsible a ese enigma, a esa
especie de conducta animal (retorno
a la casa transfigurada por el sueño
(FRAGMENTA)
vencido ese hiato venido como
un pandemonio del parque de sal, ahí
exhibiendo la dureza de un gesto
puro, quintaesencia de horizonte, vista
entera, obsesiva, en el hueco ennegrecido
que se traga todo: mareas, ramaje, ideas
y palabras, deja todo en un estado de
muerte en vida, la creciente oscura y
turbia del arroyo anegando el monte y
las últimas calles allá donde fuimos tantas
veces dejando infancia y adolescencia sobre
la piedra del sacrificio ritual, sin entender
nada, solo retorno del pensamiento
previsible a ese enigma, a esa
especie de conducta animal (retorno
a la casa transfigurada por el sueño
(FRAGMENTA)
30.
paseo errático de la mirada: síntoma
de una mente que no se queda en nada,
seducida por su propio desprendimiento (las palabras
surgen como burbujas que emergen
del fondo de una laguna para
disolverse en la nada del aire, sombra tensa
bajo los árboles, pájaro espectral bajo
un oblicuo rayo de sol, troncos sumergidos, blanquecinos,
con un oscilante viscoso verdor girando tenue
(FRAGMENTA)
paseo errático de la mirada: síntoma
de una mente que no se queda en nada,
seducida por su propio desprendimiento (las palabras
surgen como burbujas que emergen
del fondo de una laguna para
disolverse en la nada del aire, sombra tensa
bajo los árboles, pájaro espectral bajo
un oblicuo rayo de sol, troncos sumergidos, blanquecinos,
con un oscilante viscoso verdor girando tenue
(FRAGMENTA)
29. DECADA (DRIPPING) 2
La antropofagia de una luz
oscura que anula todo movimiento.
Sensación de inmovilidad. Hasta el lenguaje
es samsara. Es decir, el lenguaje es
la quintaesencia del samsara: conciencia
de una diseminación esencial, maelstrôm de
luz turbia y polvorienta. Especular, espectral.
Retorno a un origen diluído
en el propio centro de la búsqueda
de tal manera que ese lugar
es su propio vaciamiento. Certeza
de no haber existido nunca, posibilidad
potencial de que exista en alguna parte.
(1986)
La antropofagia de una luz
oscura que anula todo movimiento.
Sensación de inmovilidad. Hasta el lenguaje
es samsara. Es decir, el lenguaje es
la quintaesencia del samsara: conciencia
de una diseminación esencial, maelstrôm de
luz turbia y polvorienta. Especular, espectral.
Retorno a un origen diluído
en el propio centro de la búsqueda
de tal manera que ese lugar
es su propio vaciamiento. Certeza
de no haber existido nunca, posibilidad
potencial de que exista en alguna parte.
(1986)
28.
un retorno a lo concreto no significa un
retorno a lo real, significa desmembrar la voz
en múltiples matices hacia
el matiz único:
inflexión sin final, reflejo
que el manto de los aromas destempla,
juego en solitario
que crea su propia pauta (parece evocar
la dura réplica de los otros,
sumergidos en el campo gravitatorio de
todas las pérdidas
mientras aquí pasa el tiempo
como un deslizamiento del suelo: expresión
ambigua, áspera: no puede decirse
de otra manera: destemplar
lo preciso, percibir la vastedad de los
detalles
( inmanente a la gravedad su desmoronamiento
(FRAGMENTA, 1998)
un retorno a lo concreto no significa un
retorno a lo real, significa desmembrar la voz
en múltiples matices hacia
el matiz único:
inflexión sin final, reflejo
que el manto de los aromas destempla,
juego en solitario
que crea su propia pauta (parece evocar
la dura réplica de los otros,
sumergidos en el campo gravitatorio de
todas las pérdidas
mientras aquí pasa el tiempo
como un deslizamiento del suelo: expresión
ambigua, áspera: no puede decirse
de otra manera: destemplar
lo preciso, percibir la vastedad de los
detalles
( inmanente a la gravedad su desmoronamiento
(FRAGMENTA, 1998)
martes, 18 de mayo de 2010
27.
Se precisa ahora esa claridad, el candor concentrado de años
dispersos en un jardín devastado por la lluvia, el pozo hondo
y oscuro de una memoria erizada por la luna hostil de un ve-
rano, el paréntesis curvo de un camino mortal, el polen turbio
de una extraña especie vegetal.
Declive del pensamiento hacia su otro lado: la nada siempre
en el centro. Ascender trabajosamente hacia el resplandor,
hacia el puente azulado donde fluyen las palabras, el diálogo
líquido de los adolescentes tratando de desentrañar la trama
de sexo y argumentos, la órbita inestable de bicicletas y vien-
to perfumado. La absurda historia de una piel amoratada.
(variación)
De ahora o nunca vacila ese candor nuestro, la mancha del
polen en la piel amoratada escrita por las órbitas inesperadas,
entre el crisantemo y el horizonte caído, lucidez que no se de-
rrama, se concentra alrededor del pozo de agua, bajo el man-
to frío del alba. Roce húmedo del sauce, resplandor perfuma-
do del cedrón de la cruz, cantar difuminado en la neblina: ne-
bulosa convexa. Allí el niño deja la mirada perdida para siem-
pre, la fija en un argumento y algo se va en ella inexorablemente.
(1987)
Se precisa ahora esa claridad, el candor concentrado de años
dispersos en un jardín devastado por la lluvia, el pozo hondo
y oscuro de una memoria erizada por la luna hostil de un ve-
rano, el paréntesis curvo de un camino mortal, el polen turbio
de una extraña especie vegetal.
Declive del pensamiento hacia su otro lado: la nada siempre
en el centro. Ascender trabajosamente hacia el resplandor,
hacia el puente azulado donde fluyen las palabras, el diálogo
líquido de los adolescentes tratando de desentrañar la trama
de sexo y argumentos, la órbita inestable de bicicletas y vien-
to perfumado. La absurda historia de una piel amoratada.
(variación)
De ahora o nunca vacila ese candor nuestro, la mancha del
polen en la piel amoratada escrita por las órbitas inesperadas,
entre el crisantemo y el horizonte caído, lucidez que no se de-
rrama, se concentra alrededor del pozo de agua, bajo el man-
to frío del alba. Roce húmedo del sauce, resplandor perfuma-
do del cedrón de la cruz, cantar difuminado en la neblina: ne-
bulosa convexa. Allí el niño deja la mirada perdida para siem-
pre, la fija en un argumento y algo se va en ella inexorablemente.
(1987)
viernes, 14 de mayo de 2010
26.
¿iba hacia el Albergue
por otra agua nimbada en
desvaídos ásperos árboles
verdecobre (mineralizados)
entre tanta niebla? hacia
ese monte (erotismo incipiente)
donde sale la luna aureada
aureolada de tibieza
violácea, hacia atrás para
extenderse eterna donde ahora
se cierra para no perdurar
¿para anular ese
día espectral por lo real?
(de EN UN CLARO)
¿iba hacia el Albergue
por otra agua nimbada en
desvaídos ásperos árboles
verdecobre (mineralizados)
entre tanta niebla? hacia
ese monte (erotismo incipiente)
donde sale la luna aureada
aureolada de tibieza
violácea, hacia atrás para
extenderse eterna donde ahora
se cierra para no perdurar
¿para anular ese
día espectral por lo real?
(de EN UN CLARO)
martes, 4 de mayo de 2010
25.
de repente, centro de
cantar (cetro del día) numinoso,
hacia el fondo de la calle,
murmullo de sauces,
baile de fresnos,
conspiración de árboles
bajando la escalera de la memoria,
se aclara paso a
paso, descentra esos alrededores a
medida que se concentra en lo
mínimo, desconcierta esa elección
arbitraria que, no obstante, es
la dirección de una existencia, su
aguja imantada, su tema absoluto:
la polvareda de tierra, arena
y gorriones en remolino, caída en un
temblor como el advenimiento de
la tormenta, casi aroma de las nubes
oscuras rasgadas por un filo luminoso y
enrojecido (nubes mas altas), el
aroma del relámpago, el acre
aroma del paraíso.
(de EN UN CLARO)
de repente, centro de
cantar (cetro del día) numinoso,
hacia el fondo de la calle,
murmullo de sauces,
baile de fresnos,
conspiración de árboles
bajando la escalera de la memoria,
se aclara paso a
paso, descentra esos alrededores a
medida que se concentra en lo
mínimo, desconcierta esa elección
arbitraria que, no obstante, es
la dirección de una existencia, su
aguja imantada, su tema absoluto:
la polvareda de tierra, arena
y gorriones en remolino, caída en un
temblor como el advenimiento de
la tormenta, casi aroma de las nubes
oscuras rasgadas por un filo luminoso y
enrojecido (nubes mas altas), el
aroma del relámpago, el acre
aroma del paraíso.
(de EN UN CLARO)
lunes, 3 de mayo de 2010
24.
I.
Tallos alumbrados, interiores
sin límites claros, todavía alrededor,
ese encuentro súbito que
está mas allá vivificando el
método con una especie de memoria
proliferante de arena y hojas,
de soles oblicuos, consumación
que retorna a la simpleza
del origen: vacío intenso sin
cualidad donde el espacio y el
tiempo se aquietan en su
movimiento continuo. Resplandor
de silencio líquido. En reposo.
II.
Vestigio de centro: luz rodeada
de sí, salto, estiramiento de
un estilo, de una manera. Ladera,
marea quieta, bajo el cenit
de todo claror: alborada, arboresce.
Abrazo de rama blanca, blanda.
III.
Sólido enemigo, desde
antes, amago, señal sin
otredad, pura en sí, misma
dureza que también así
fluye: así es genuina, solo
es, ni verdadera ni falsa,
señal central, centrada
en todo en nada, ni
vence ni convence, viene
en vano y se hace
enteramente
mañana y atardecer:
llega tarde se va
temprano.
IV.
Perdida aquella luz, caer en
el vértigo de una nueva extraña
experiencia: pura piel de árbol
aliviada de su sombra áspera
y su otra cara: una mañana
cegadora, caída del cielo
de un tiempo final, último
cantar que fue prístino que
decía transparente su
aroma verdadero. Luz que
nunca fue nuestra y que ahora
nos envuelve.
V.
Abajo el milagro en esta
landa nuestra en guerra por su
piedra de caras innumerables, planta
enigma de un día durando, con
algo de luz hundida en su misma
agua alumbrada, laurel blanco
como pensamiento que corre por la
piel transfigurando, vivificando,
atravesando los límites que
damos nombre y que quedan sonando
en su propia zona de no ser,
solo su oquedad de estar
mas acá, en esta edad de
nada, de no dar, ni día ni
noche, esas antípodas de
esplendor, esas rarezas
encendidas.
(de EN UN CLARO)
I.
Tallos alumbrados, interiores
sin límites claros, todavía alrededor,
ese encuentro súbito que
está mas allá vivificando el
método con una especie de memoria
proliferante de arena y hojas,
de soles oblicuos, consumación
que retorna a la simpleza
del origen: vacío intenso sin
cualidad donde el espacio y el
tiempo se aquietan en su
movimiento continuo. Resplandor
de silencio líquido. En reposo.
II.
Vestigio de centro: luz rodeada
de sí, salto, estiramiento de
un estilo, de una manera. Ladera,
marea quieta, bajo el cenit
de todo claror: alborada, arboresce.
Abrazo de rama blanca, blanda.
III.
Sólido enemigo, desde
antes, amago, señal sin
otredad, pura en sí, misma
dureza que también así
fluye: así es genuina, solo
es, ni verdadera ni falsa,
señal central, centrada
en todo en nada, ni
vence ni convence, viene
en vano y se hace
enteramente
mañana y atardecer:
llega tarde se va
temprano.
IV.
Perdida aquella luz, caer en
el vértigo de una nueva extraña
experiencia: pura piel de árbol
aliviada de su sombra áspera
y su otra cara: una mañana
cegadora, caída del cielo
de un tiempo final, último
cantar que fue prístino que
decía transparente su
aroma verdadero. Luz que
nunca fue nuestra y que ahora
nos envuelve.
V.
Abajo el milagro en esta
landa nuestra en guerra por su
piedra de caras innumerables, planta
enigma de un día durando, con
algo de luz hundida en su misma
agua alumbrada, laurel blanco
como pensamiento que corre por la
piel transfigurando, vivificando,
atravesando los límites que
damos nombre y que quedan sonando
en su propia zona de no ser,
solo su oquedad de estar
mas acá, en esta edad de
nada, de no dar, ni día ni
noche, esas antípodas de
esplendor, esas rarezas
encendidas.
(de EN UN CLARO)
23.
en su trono. Asoleadas como tenues
vientos con aroma a sombra,
caja abierta para el destello, la arena
y el musgo, para el devaneo
de ligeras palabras en
la humedad de la boca, saboreo de
redondas palabras como frutas mínimas
de la arboleda inacabable: la del
otro lado de todo sistema, allí
donde se evaporan junto al túmulo
y a los troncos podridos, en el jardín
insomne, en el parque turbio, con su
luminosidad ruinosa de amanecer o
crepúsculo. Dicen de nosotros
viniendo torcidas, tangentes, como una
amenaza indefinible, como un
aniquilamiento minucioso bajo el
invulnerable cielo estrellado.
Criaturas puras campeando
en la cerrazón resplandeciente.
(de EN UN CLARO)
en su trono. Asoleadas como tenues
vientos con aroma a sombra,
caja abierta para el destello, la arena
y el musgo, para el devaneo
de ligeras palabras en
la humedad de la boca, saboreo de
redondas palabras como frutas mínimas
de la arboleda inacabable: la del
otro lado de todo sistema, allí
donde se evaporan junto al túmulo
y a los troncos podridos, en el jardín
insomne, en el parque turbio, con su
luminosidad ruinosa de amanecer o
crepúsculo. Dicen de nosotros
viniendo torcidas, tangentes, como una
amenaza indefinible, como un
aniquilamiento minucioso bajo el
invulnerable cielo estrellado.
Criaturas puras campeando
en la cerrazón resplandeciente.
(de EN UN CLARO)
viernes, 30 de abril de 2010
22.
esa frase caracolea, dentro del invierno
todo. Invierno por las manos
blancas, abiertas, sin nada salvo
el blanco. Salvo una historia
difuminada, constelación
sonora, agua intangible,
rumor nuestro, pobreza de otros.
Caracolea la frase, espectral como
todo lo nuestro, como todo
el camino, irreal
como todos los crepúsculos
deslizados. Y sus árboles
aguados y sus aguas
arborescentes: espejos
en movimiento. Como todo lo nuestro.
Como todos nuestros dioses
interiores.
Preparados para morir
ligeramente.
Reflejo violáceo que no
revela la hondura de la laguna.
Ligero. Liviano. Realidad hecha
aliento, halo todo, silencio blanco sin
palabra negra, sin idea infiel, sin
presentimiento final, sin influencia
fluyente. Pero no todo nuestro, no
todo así de simple. Sencillo como
el agua de todos nuestros años: planeta
que fluye entre los pies nuevos. Algo
por fuera de la ciudad, por sus
alrededores. Algo sordo y vasto
como un abrazo de sombra.
Si quedamos ahí sin movernos
se lo percibe. No hay voz ni
mirada lapidaria que lo detenga.
Sonando dentro de un caparazón
su rumor monstruoso hasta que viene la
alborada desde el oriente:
ala transparente, angélica.
(de EN UN CLARO)
esa frase caracolea, dentro del invierno
todo. Invierno por las manos
blancas, abiertas, sin nada salvo
el blanco. Salvo una historia
difuminada, constelación
sonora, agua intangible,
rumor nuestro, pobreza de otros.
Caracolea la frase, espectral como
todo lo nuestro, como todo
el camino, irreal
como todos los crepúsculos
deslizados. Y sus árboles
aguados y sus aguas
arborescentes: espejos
en movimiento. Como todo lo nuestro.
Como todos nuestros dioses
interiores.
Preparados para morir
ligeramente.
Reflejo violáceo que no
revela la hondura de la laguna.
Ligero. Liviano. Realidad hecha
aliento, halo todo, silencio blanco sin
palabra negra, sin idea infiel, sin
presentimiento final, sin influencia
fluyente. Pero no todo nuestro, no
todo así de simple. Sencillo como
el agua de todos nuestros años: planeta
que fluye entre los pies nuevos. Algo
por fuera de la ciudad, por sus
alrededores. Algo sordo y vasto
como un abrazo de sombra.
Si quedamos ahí sin movernos
se lo percibe. No hay voz ni
mirada lapidaria que lo detenga.
Sonando dentro de un caparazón
su rumor monstruoso hasta que viene la
alborada desde el oriente:
ala transparente, angélica.
(de EN UN CLARO)
jueves, 29 de abril de 2010
21.
ceniza celada mientras roza la palabra
abierta en su aspereza un horizonte todo
cerrado: tibieza matriz
bajo el cielo estrellado
con manos hundidas en el arroyo
frío de noche fluyente, tembloroso como sauce
ceniciento también, de ceniza verde
hecho, así lo veo, sobre mi padre también fluyente
que se lleva el tiempo como si fuera
un arpegio en su mas secreto encordado (apenas
así lo rememoro) o como arena húmeda
que se va en minuciosos meandros
elocuentes como su silencio (creí
que era un silencio pétreo)
(de EN UN CLARO)
ceniza celada mientras roza la palabra
abierta en su aspereza un horizonte todo
cerrado: tibieza matriz
bajo el cielo estrellado
con manos hundidas en el arroyo
frío de noche fluyente, tembloroso como sauce
ceniciento también, de ceniza verde
hecho, así lo veo, sobre mi padre también fluyente
que se lleva el tiempo como si fuera
un arpegio en su mas secreto encordado (apenas
así lo rememoro) o como arena húmeda
que se va en minuciosos meandros
elocuentes como su silencio (creí
que era un silencio pétreo)
(de EN UN CLARO)
miércoles, 28 de abril de 2010
20.
Fijeza y hondura, centro perdurable detrás
del asombro de la lluvia. Lente difusa.
Pulso del tiempo.
Morada ensimismada de
un cuerpo absorto que se piensa, obra sutil
de la piel.
Infancia que retorna en el lleno silencio de blancura.
Singularidad que es
principio de muerte, separación de la
vida perdurable.
Infancia perdurable que es como
el sentido que el pensamiento pierde.
El pensamiento sin sentido se percibe
pensamiento.
Incertidumbre palpable.
Atomizados reflejos del agua. Aroma de un
viaje lejano. Aroma que se hace puro viaje. Aroma de un
tren en la alborada. Aroma a campo. Aroma de una
esencia perdurable que vuelve insignificante a la
muerte. La muerte de la luz del campo.
Aroma de la noche. Aroma de los yuyos
mojados por el cielo estrellado. Aroma azulado y
transparente. Inconmensurable
esfera de aroma sosteniendo con un
sentido secreto las órbitas indescifrables de las luciérnagas.
Fijeza y hondura que es el movimiento
sin tino de mis límites, de mi ignorante balbucear.
Hacia allí retorno, saliendo del tiempo. Retorno
volviéndome entero.
Padre de mi infancia perenne.
(de EN UN CLARO, 1998-2003)
Fijeza y hondura, centro perdurable detrás
del asombro de la lluvia. Lente difusa.
Pulso del tiempo.
Morada ensimismada de
un cuerpo absorto que se piensa, obra sutil
de la piel.
Infancia que retorna en el lleno silencio de blancura.
Singularidad que es
principio de muerte, separación de la
vida perdurable.
Infancia perdurable que es como
el sentido que el pensamiento pierde.
El pensamiento sin sentido se percibe
pensamiento.
Incertidumbre palpable.
Atomizados reflejos del agua. Aroma de un
viaje lejano. Aroma que se hace puro viaje. Aroma de un
tren en la alborada. Aroma a campo. Aroma de una
esencia perdurable que vuelve insignificante a la
muerte. La muerte de la luz del campo.
Aroma de la noche. Aroma de los yuyos
mojados por el cielo estrellado. Aroma azulado y
transparente. Inconmensurable
esfera de aroma sosteniendo con un
sentido secreto las órbitas indescifrables de las luciérnagas.
Fijeza y hondura que es el movimiento
sin tino de mis límites, de mi ignorante balbucear.
Hacia allí retorno, saliendo del tiempo. Retorno
volviéndome entero.
Padre de mi infancia perenne.
(de EN UN CLARO, 1998-2003)
lunes, 26 de abril de 2010
19.
l.
Es posible dar la impresión de vastedad
en un espacio reducido y mínimo. Debería decir
"inmensidad". Los cambios la acentúan.
También la gestualidad de la materia
siempre en movimiento. Pero la ausencia
de materia es la propia inmensidad.
No la fingida, la mera impostura.
ll.
El irrisorio colapso del cielo
impregna el vacío de la hoja, el registro
de la falta de entendimiento. El poema escrito
se hunde en si mismo. No ofrece salida.
Implosiona. Se hipertrofia. Jardín de exterminio
donde el cuerpo es un dato real,
una prueba del tiempo.
lll.
Un itinerario vibra
como una filigrana que se habla.
Temple sometido a las
elevadas presiones de un pensamiento
en constante entropía.
Solo se percibe
una alterada superficie, un
sentido atomizado en
crispadas imágenes, aromas que
se miran. Esos acontecimientos
ocurriendo en cualquier lugar
parecen decir que este mundo
ha nacido de nuevo y
que ya no tenemos influencia sobre él.
Hablando sobre mojado.
lV.
Ese monólogo corrosivo tiene
un origen inaccesible,
por lo tanto da cuenta mas
de lo que pretende. No da descanso.
Arrastra al cuerpo por la
tangente, trabaja
en la demolición del silencio mas pétreo.
Se respira su tensa
forma de ficción, se inhala
sus tóxicas esporas. En el horizonte
cerrado una tenue figura en
descomposición.
V.
Algo irreductible como
el volumen de un hábito
o como una pieza destronada. Una teoría
urdida en un denso
aire interior, en el dedicado
delicado estudio del moho. Cuando las aguas
se mecen, cuando las aguas
se acercan (imposible cercar las aguas,
poner una barrera de contención)
tenemos dudas sobre los conceptos
heredados. Tendremos
que empezar de nuevo desde la nada, decir
como quien no sabe a donde va
ni de donde viene. De nuevo
la imagen del maelstrôm
que se traga todo (o el sueño
de una embarcación
varada en un desierto).
¿Tengo que explicarte
sin explicarme?
Las palabras atraviesan el filtro
de una cerrazón descifrante.
(de DOCE POEMAS PROBLEMÁTICOS,
1995-1997)
l.
Es posible dar la impresión de vastedad
en un espacio reducido y mínimo. Debería decir
"inmensidad". Los cambios la acentúan.
También la gestualidad de la materia
siempre en movimiento. Pero la ausencia
de materia es la propia inmensidad.
No la fingida, la mera impostura.
ll.
El irrisorio colapso del cielo
impregna el vacío de la hoja, el registro
de la falta de entendimiento. El poema escrito
se hunde en si mismo. No ofrece salida.
Implosiona. Se hipertrofia. Jardín de exterminio
donde el cuerpo es un dato real,
una prueba del tiempo.
lll.
Un itinerario vibra
como una filigrana que se habla.
Temple sometido a las
elevadas presiones de un pensamiento
en constante entropía.
Solo se percibe
una alterada superficie, un
sentido atomizado en
crispadas imágenes, aromas que
se miran. Esos acontecimientos
ocurriendo en cualquier lugar
parecen decir que este mundo
ha nacido de nuevo y
que ya no tenemos influencia sobre él.
Hablando sobre mojado.
lV.
Ese monólogo corrosivo tiene
un origen inaccesible,
por lo tanto da cuenta mas
de lo que pretende. No da descanso.
Arrastra al cuerpo por la
tangente, trabaja
en la demolición del silencio mas pétreo.
Se respira su tensa
forma de ficción, se inhala
sus tóxicas esporas. En el horizonte
cerrado una tenue figura en
descomposición.
V.
Algo irreductible como
el volumen de un hábito
o como una pieza destronada. Una teoría
urdida en un denso
aire interior, en el dedicado
delicado estudio del moho. Cuando las aguas
se mecen, cuando las aguas
se acercan (imposible cercar las aguas,
poner una barrera de contención)
tenemos dudas sobre los conceptos
heredados. Tendremos
que empezar de nuevo desde la nada, decir
como quien no sabe a donde va
ni de donde viene. De nuevo
la imagen del maelstrôm
que se traga todo (o el sueño
de una embarcación
varada en un desierto).
¿Tengo que explicarte
sin explicarme?
Las palabras atraviesan el filtro
de una cerrazón descifrante.
(de DOCE POEMAS PROBLEMÁTICOS,
1995-1997)
sábado, 24 de abril de 2010
18.
"tabla cabalmente esmeraldina."
(E. D.)
volviste a caminar vacilante sobre el hielo. Era la canción
de los grises crisantemos, la ciencia de la paciencia
o el túmulo frente a la puerta, la carga de la tormenta en
ese punto súbito cuando termina la tarde y comienza la noche,
cuando se apaga la luminosidad amarillenta de la lluvia
y la oscuridad es una emanación densa, una pastosidad
anclada en el jardín. Aura eléctrica. ¿Alguien lo dijo?
¿alguien ya lo escribió? cuando comienza la fluencia,
la torva influencia de un oscuro astro interior.
Sólido, despierto imán.
Infancia sobreviviente,
expansión sobremuriente como el clima de
un cuento de los hermanos Grimm, bajo la sombra
resplandeciente del paraíso, la temblorosa
inclinación de cabeza del laurel blanco y
la tenue nube de tierra del patio a donde bajan
los gorriones en bandada, en desbandada
cuando entro confuso al patio. El
silencio
solo y
central.
Un hinchado racimo de frutas inquietantes frente
a un espejo de rostro inconmensurable, lúcido y
grave. Gama cerrada de aliento áspero. Vida silenciosa
y plena en su austera nada de pared blanca y desierta, el lado
frío de un verano interminable cuando los hermanos
se pierden uno al otro en esa isla misteriosa entre el jardín
y la pared de la casa, entre el abrazo de las hojas enormes
y el abismo de la memoria anterior hacia donde nos inclinamos
sin caer, sin dejar de caer, sabiendo un poco mas
de ese no saber en crecimiento.
Algo de un río mas allá, algo de alguien
que murió y está a punto de morir de nuevo en la imaginación, en aquella
extraña zona aledaña donde se quemaron los árboles
una madrugada. Veíamos las lenguas de fuego
ascendiendo como un sol que se desintegraba. Alguien: una sombra raída
que pasa en bicicleta murmurando balbuceando anunciando
el advenimiento de algo terrible, como si la bicileta estuviera
a punto de ser tragada por una abertura en la tierra, mientras
el humo se estanca, acre y dulce por el polen.
Una música no deseada sube
serpenteada hasta esta piedra fatídica, ventana fundida, licuada
por un ensimismado astro: Saturno y su campo magnético
envolviendo la cifra entera del tiempo en ese jardín
maculado por la carcoma. Una música
en corriente que sube, en goterones al acecho. Una pátina
de deseo exceso sobre el puro lienzo
donde se escribía la elegía con hilos de arena, sangre negra, ramas
podridas y el hinchado cielo oscuro y solar
de San Gregorio de Polanco. En el hueco fetal
que dejaron las palabras arcanas al quemarse y
extinguirse. La nada varia del lenguaje exterminado
para que un nuevo encandilamiento emergiera
de ese mismo légamo o legado.
La sensibilidad sola, la sensibilidad pura
obnubila. Es necesaria la lucidez
como contrapeso. Aquellos retazos de canciones
no lograban armar el rompecabezas de una época, de una
ficción emocional, debería decir. Canciones fragmentadas
por el olvido que me rozaban como un aroma
para recuperar instantáneamente lo que yo creía
la quintaesencia de aquel mundo oculto. El olvido, precisamente,
se encarga de preservar lo esencial. Como
el aroma de la lucera, frío, que entra por la ventana
y envuelve mi almohada, tibia, densa.
(para Eduardo Darnauchans in memoriam)
(1989-1997)
"tabla cabalmente esmeraldina."
(E. D.)
volviste a caminar vacilante sobre el hielo. Era la canción
de los grises crisantemos, la ciencia de la paciencia
o el túmulo frente a la puerta, la carga de la tormenta en
ese punto súbito cuando termina la tarde y comienza la noche,
cuando se apaga la luminosidad amarillenta de la lluvia
y la oscuridad es una emanación densa, una pastosidad
anclada en el jardín. Aura eléctrica. ¿Alguien lo dijo?
¿alguien ya lo escribió? cuando comienza la fluencia,
la torva influencia de un oscuro astro interior.
Sólido, despierto imán.
Infancia sobreviviente,
expansión sobremuriente como el clima de
un cuento de los hermanos Grimm, bajo la sombra
resplandeciente del paraíso, la temblorosa
inclinación de cabeza del laurel blanco y
la tenue nube de tierra del patio a donde bajan
los gorriones en bandada, en desbandada
cuando entro confuso al patio. El
silencio
solo y
central.
Un hinchado racimo de frutas inquietantes frente
a un espejo de rostro inconmensurable, lúcido y
grave. Gama cerrada de aliento áspero. Vida silenciosa
y plena en su austera nada de pared blanca y desierta, el lado
frío de un verano interminable cuando los hermanos
se pierden uno al otro en esa isla misteriosa entre el jardín
y la pared de la casa, entre el abrazo de las hojas enormes
y el abismo de la memoria anterior hacia donde nos inclinamos
sin caer, sin dejar de caer, sabiendo un poco mas
de ese no saber en crecimiento.
Algo de un río mas allá, algo de alguien
que murió y está a punto de morir de nuevo en la imaginación, en aquella
extraña zona aledaña donde se quemaron los árboles
una madrugada. Veíamos las lenguas de fuego
ascendiendo como un sol que se desintegraba. Alguien: una sombra raída
que pasa en bicicleta murmurando balbuceando anunciando
el advenimiento de algo terrible, como si la bicileta estuviera
a punto de ser tragada por una abertura en la tierra, mientras
el humo se estanca, acre y dulce por el polen.
Una música no deseada sube
serpenteada hasta esta piedra fatídica, ventana fundida, licuada
por un ensimismado astro: Saturno y su campo magnético
envolviendo la cifra entera del tiempo en ese jardín
maculado por la carcoma. Una música
en corriente que sube, en goterones al acecho. Una pátina
de deseo exceso sobre el puro lienzo
donde se escribía la elegía con hilos de arena, sangre negra, ramas
podridas y el hinchado cielo oscuro y solar
de San Gregorio de Polanco. En el hueco fetal
que dejaron las palabras arcanas al quemarse y
extinguirse. La nada varia del lenguaje exterminado
para que un nuevo encandilamiento emergiera
de ese mismo légamo o legado.
La sensibilidad sola, la sensibilidad pura
obnubila. Es necesaria la lucidez
como contrapeso. Aquellos retazos de canciones
no lograban armar el rompecabezas de una época, de una
ficción emocional, debería decir. Canciones fragmentadas
por el olvido que me rozaban como un aroma
para recuperar instantáneamente lo que yo creía
la quintaesencia de aquel mundo oculto. El olvido, precisamente,
se encarga de preservar lo esencial. Como
el aroma de la lucera, frío, que entra por la ventana
y envuelve mi almohada, tibia, densa.
(para Eduardo Darnauchans in memoriam)
(1989-1997)
17.
ANDAR BLANCO
Después de haber caminado juntos en sueños
Y haber sentenciado la impura presencia
Del tiempo, tan fugaz pero cayendo saciado
Sobre nosotros, adiviné tu mirada
En las caídas y oscuras hojas del álamo,
Suavemente alterada por otra magia
Que solo puede nacer de la poesía.
Un atardecer humoso, una hoguera
Que se adivina contra las paredes;
Un atardecer viendo árboles y casas:
Claroscuro, percepción inquietante
De un aleph silencioso y vasto
Como aquellos lejanos atardeceres de Rembrandt.
Heridos, indefinibles, estamos juntos.
El frío toca tu frente. Indescifrable pareces
Cuando imagino tus párpados viendo muros blancos.
(1981)
ANDAR BLANCO
Después de haber caminado juntos en sueños
Y haber sentenciado la impura presencia
Del tiempo, tan fugaz pero cayendo saciado
Sobre nosotros, adiviné tu mirada
En las caídas y oscuras hojas del álamo,
Suavemente alterada por otra magia
Que solo puede nacer de la poesía.
Un atardecer humoso, una hoguera
Que se adivina contra las paredes;
Un atardecer viendo árboles y casas:
Claroscuro, percepción inquietante
De un aleph silencioso y vasto
Como aquellos lejanos atardeceres de Rembrandt.
Heridos, indefinibles, estamos juntos.
El frío toca tu frente. Indescifrable pareces
Cuando imagino tus párpados viendo muros blancos.
(1981)
viernes, 23 de abril de 2010
16.
1977
La guitarra de Andrés Segovia aligera el aire de la
tarde, lo amañana, se dispara con el viento seco y
encendido, se va entre los árboles rumbo al campo,
envuelve y suaviza el sonido hueco y seco de los yu-
yos muertos, o se queda como un pozo de agua fres-
ca en la sombra, se combina extraña con los ranchos
y los perros que ladran a los espectros temblorosos
del aire caliente, perros también espectrales, demo-
nios oscuros como oquedades en el ciego resplandor
expansivo, dormitando bajo los naranjos, el viento
cercenado por los alambrados se lleva los arpegios
y los acordes a los bajos, los eleva hacia los altos de
las tenues lomas, los hace tomar el sendero disciplina-
do y secreto de un camino entre pinos de luz oscura
y aroma filoso rumbo a la aparición restauradora de
la calma mas profunda, ese centro impalpable, impo-
sible, de alguna manera sólido, donde se queda el agua
en la tierra, donde entran los pies atónitos a aclararlo
todo, a difuminar el tiempo con el polen, intenso en
todas partes.
(para mis amigos, los hermanos Pablo y Arturo Casalás)
1977
La guitarra de Andrés Segovia aligera el aire de la
tarde, lo amañana, se dispara con el viento seco y
encendido, se va entre los árboles rumbo al campo,
envuelve y suaviza el sonido hueco y seco de los yu-
yos muertos, o se queda como un pozo de agua fres-
ca en la sombra, se combina extraña con los ranchos
y los perros que ladran a los espectros temblorosos
del aire caliente, perros también espectrales, demo-
nios oscuros como oquedades en el ciego resplandor
expansivo, dormitando bajo los naranjos, el viento
cercenado por los alambrados se lleva los arpegios
y los acordes a los bajos, los eleva hacia los altos de
las tenues lomas, los hace tomar el sendero disciplina-
do y secreto de un camino entre pinos de luz oscura
y aroma filoso rumbo a la aparición restauradora de
la calma mas profunda, ese centro impalpable, impo-
sible, de alguna manera sólido, donde se queda el agua
en la tierra, donde entran los pies atónitos a aclararlo
todo, a difuminar el tiempo con el polen, intenso en
todas partes.
(para mis amigos, los hermanos Pablo y Arturo Casalás)
jueves, 22 de abril de 2010
15.
LUZ INUNDADA
I
A esa claridad deviene
una abierta caja
de temblores y vigilantes
adormecidos, descuidos y
descubrimientos que asombran. El halo
en el rincón mas lejano
del jardín. La interrupción
traumática de la historia. Vaivén
de hojas lento que hace
caer las gotas de la lluvia
nocturna. Piel verde
de animal que tiene algo de
vegetal. Esa línea no es solo
el horizonte. Es una manera
de moverse, casi imperceptible. Es un
tacto secreto, un roce sutil
que la mirada no ve. La nube
petrificada en el centro, el
halo que retorna. El claror
renovado entre el muro y
la casa de los antepasados, la
voz perdida en la sustancia
polimorfa del tiempo. Habla
difuminada. Palabra nublada. Tarde
con olor a tierra mojada que
hace imaginar el extraño derrotero
de la lluvia, la pirámide
que se desintegra
minuciosamente. La tensa, efímera
forma del triángulo. Por allí
insistían los pájaros.
Un afluente menor de los
grandes ríos, una destilada
sustancia empapando todos los sentidos, todos
los espacios latentes. Se traducía
en un campo de color restringido, en
una sola dirección
que no agotaba el tumulto
edénico de los pájaros. Vuelta
atrás al alba y su atmósfera siempre
indecisa.
II
Bajo un cielo desmesurado
arena. Unidos por una luz irreal.
No es solo el sol a nuestras espladas.
Luz irreal por nuestra mirada
interior. Trama del verano.
Trampa minuciosa.
Distancia cegadora: médano:
cielo cristalizado de mediodía.
Tapiz excéntrico: la materia espectral
se hace corpórea como si una mesa o
un trozo de pared
vinieran de otro mundo hacia nuestro
tacto. Hacia la sed de nuestras
manos. Los objetos concretos
son enviados
a un reino espectral
para volverse
extraños, suspendidos en el
vacío. El
trozo de pared o la mesa
se distancian de nosotros, cruzan
una frontera imposible para
nuestros cuerpos y nuestras mentes (textura
de una quimera,
veladura inconmensurable
(l993)
LUZ INUNDADA
I
A esa claridad deviene
una abierta caja
de temblores y vigilantes
adormecidos, descuidos y
descubrimientos que asombran. El halo
en el rincón mas lejano
del jardín. La interrupción
traumática de la historia. Vaivén
de hojas lento que hace
caer las gotas de la lluvia
nocturna. Piel verde
de animal que tiene algo de
vegetal. Esa línea no es solo
el horizonte. Es una manera
de moverse, casi imperceptible. Es un
tacto secreto, un roce sutil
que la mirada no ve. La nube
petrificada en el centro, el
halo que retorna. El claror
renovado entre el muro y
la casa de los antepasados, la
voz perdida en la sustancia
polimorfa del tiempo. Habla
difuminada. Palabra nublada. Tarde
con olor a tierra mojada que
hace imaginar el extraño derrotero
de la lluvia, la pirámide
que se desintegra
minuciosamente. La tensa, efímera
forma del triángulo. Por allí
insistían los pájaros.
Un afluente menor de los
grandes ríos, una destilada
sustancia empapando todos los sentidos, todos
los espacios latentes. Se traducía
en un campo de color restringido, en
una sola dirección
que no agotaba el tumulto
edénico de los pájaros. Vuelta
atrás al alba y su atmósfera siempre
indecisa.
II
Bajo un cielo desmesurado
arena. Unidos por una luz irreal.
No es solo el sol a nuestras espladas.
Luz irreal por nuestra mirada
interior. Trama del verano.
Trampa minuciosa.
Distancia cegadora: médano:
cielo cristalizado de mediodía.
Tapiz excéntrico: la materia espectral
se hace corpórea como si una mesa o
un trozo de pared
vinieran de otro mundo hacia nuestro
tacto. Hacia la sed de nuestras
manos. Los objetos concretos
son enviados
a un reino espectral
para volverse
extraños, suspendidos en el
vacío. El
trozo de pared o la mesa
se distancian de nosotros, cruzan
una frontera imposible para
nuestros cuerpos y nuestras mentes (textura
de una quimera,
veladura inconmensurable
(l993)
lunes, 22 de marzo de 2010
14.
Esa cadencia dice mucho de nosotros.
Cadencia como una red que acecha, de alguna
manera, sólida en la crispación
destemplada de la noche. Mas que contenido,
forma que se disuelve
en una especie de sonámbula inoperancia,
la misma que nos arrastra
por la deriva en declive del día hacia la noche
cuando somos menos reales y nos levantamos
con sed por un vaso de agua. Preguntac
que se repite como una resonancia, se vuelve
oscilante respuesta, multiplicando palabras
y velando su sentido. Quedan resonando
con un destello tenue, perdidas en un mar de nada
como la misma nada enigmática
que se extiende entre poema y poema. Siempre
este ambiguo proemio, siempre la palabra siempre
como una postergación o una
explicación que no cierra. Presencia
que se esperaba pero que
decepciona por un pequeño detalle
que trae el desorden a todas las cosas. A la
noción de todas las cosas. Nos quedamos en un suburbio
olfateando la mínima relevancia de los matices,
distanciados, con manos tendidas
que no llegan.
Esa cadencia dice mucho de nosotros.
Cadencia como una red que acecha, de alguna
manera, sólida en la crispación
destemplada de la noche. Mas que contenido,
forma que se disuelve
en una especie de sonámbula inoperancia,
la misma que nos arrastra
por la deriva en declive del día hacia la noche
cuando somos menos reales y nos levantamos
con sed por un vaso de agua. Preguntac
que se repite como una resonancia, se vuelve
oscilante respuesta, multiplicando palabras
y velando su sentido. Quedan resonando
con un destello tenue, perdidas en un mar de nada
como la misma nada enigmática
que se extiende entre poema y poema. Siempre
este ambiguo proemio, siempre la palabra siempre
como una postergación o una
explicación que no cierra. Presencia
que se esperaba pero que
decepciona por un pequeño detalle
que trae el desorden a todas las cosas. A la
noción de todas las cosas. Nos quedamos en un suburbio
olfateando la mínima relevancia de los matices,
distanciados, con manos tendidas
que no llegan.
miércoles, 17 de marzo de 2010
13.
POEMA INNOMINADO l
En ese interior hay
como sombra en la luz y
luz en la sombra, una incierta y suave
persistencia que se impone tenue
de modo que las palabras
tienen su silencio (un reverso
constante) y los objetos parecen
estar desde siempre en esa quietud. Su manera
ilusoria de salir
de la entropía temporal. Sombra ambarina,
luminosidad jaspeada. Lo que se dice
no tiene relevancia. Lo significativo
es la forma de decir: el rodeo, la deriva de ignorar
origen y destino, el frágil
y sinuoso hilo tensado por una especie
de nada. La sensación de falla, de
incurrir en un error enorme: un paño
cubriendo un abismo,
exhibiendo en su superficie
una inútil y llameante signatura, una
constelación gratuita o un
reflejo oscurecido que no aclara nada
pero que es en si mismo
su propia ficción. La maleza salvaje
cerca y pone en peligro
la tranquila seguridad de la casa, la
permanencia de la ciudad. Por ahí se escurre
lo que parecía constante: una forma
cerrada y perfecta. Por ahí
penetra el tiempo que disuelve y da esplendor
inagotable a los detalles, es decir, a los
efímeros instantes, quiebra al
pensamiento y su arquitectura después de
hacer uso de él para definirse, exhibirse como
estética o exorcizarse como delirio. Nunca
habrá equilibrio, que es a lo último que se
puede aspirar después de la pérdida de
una definición absoluta. Tomarlo,
apropiarlo para seguir detrás de una
expectativa que nunca se consuma explorando
el lado verosímil de la falacia o dejarlo
en el tenso borde que anula todo acto. Abre el vasto
estuario de una pausa que crea un
universo irresoluto y sin lenguaje.
(1989)
POEMA INNOMINADO l
En ese interior hay
como sombra en la luz y
luz en la sombra, una incierta y suave
persistencia que se impone tenue
de modo que las palabras
tienen su silencio (un reverso
constante) y los objetos parecen
estar desde siempre en esa quietud. Su manera
ilusoria de salir
de la entropía temporal. Sombra ambarina,
luminosidad jaspeada. Lo que se dice
no tiene relevancia. Lo significativo
es la forma de decir: el rodeo, la deriva de ignorar
origen y destino, el frágil
y sinuoso hilo tensado por una especie
de nada. La sensación de falla, de
incurrir en un error enorme: un paño
cubriendo un abismo,
exhibiendo en su superficie
una inútil y llameante signatura, una
constelación gratuita o un
reflejo oscurecido que no aclara nada
pero que es en si mismo
su propia ficción. La maleza salvaje
cerca y pone en peligro
la tranquila seguridad de la casa, la
permanencia de la ciudad. Por ahí se escurre
lo que parecía constante: una forma
cerrada y perfecta. Por ahí
penetra el tiempo que disuelve y da esplendor
inagotable a los detalles, es decir, a los
efímeros instantes, quiebra al
pensamiento y su arquitectura después de
hacer uso de él para definirse, exhibirse como
estética o exorcizarse como delirio. Nunca
habrá equilibrio, que es a lo último que se
puede aspirar después de la pérdida de
una definición absoluta. Tomarlo,
apropiarlo para seguir detrás de una
expectativa que nunca se consuma explorando
el lado verosímil de la falacia o dejarlo
en el tenso borde que anula todo acto. Abre el vasto
estuario de una pausa que crea un
universo irresoluto y sin lenguaje.
(1989)
martes, 16 de marzo de 2010
12.
El invierno es un temblor blanco, una pared iluminada por un sol
desarmado. Así, la ausencia de la belleza impregna también la ima-
ginación. El rostro enfermo no deja recuerdo. El dolor es la causa
del olvido. Tu guitarra atraviesa el aire transparente de la noche,
aliada de los paraísos y de los perros miserables. Bagualas y zam-
bas de inexistentes parajes. Tal vez fuiste el primer artista que co-
nocí, en aquella era que parece un desprendimiento que negara el
paso del tiempo, empecinado por quedarse y sobrevivir en mi men-
te por necesidad de un resplandor perenne para enfrentar la inmi-
nencia de la tiniebla. Los rostros desaparecen, quedan blancos en
mi memoria como ideas, cuando la búsqueda es encontrar un estí-
mulo sensible, una apariencia material para volver a aquel lugar.
Aquellas formas de vida que no tienen referente en la realidad ac-
tual, y que yo relaciono con la juventud de mis padres: los campos
nocturnos, el aroma a pasto mojado y la locura de los bichos de
luz alrededor de las rodillas. La amenaza del impulso de desapare-
cer transtorna la opacidad del mundo, un deterioro de la energía
que tendría que concentrarse. No recupero acorde alguno ni la esen-
cia de aquel tiempo. Debo destruir lo que creí evolución y aprendi-
zaje. La infancia de mi poesía está impregnada de aquellos aromas
y de aquellos sonidos. Me despierto cada día midiendo las ideas que
me separan de aquellas orillas de luz cegadora. Desvanecidos mundos
de especulación. Solo la experiencia de reencontrarme me puede de-
volver el origen. Un punto de referencia como aquella minúscula i-
magen religiosa que resplandecía en la oscuridad del cuarto de mis
abuelos y que yo miraba hipnoptizado y desvelado sin saber la ra-
zón: solo que era una realidad que no sabía de preguntas. Estaba allí
en la pieza mientras todos dormían y parecía tener alguna relación
con la luz de la luna y las flores del cedrón de la cruz que yo no podía
ver pero sí oler desde la almohada mojada por mi sudor. Ellos no
podrían reconocerme ahora ni entender porqué cambió mi rostro.
(1991)
El invierno es un temblor blanco, una pared iluminada por un sol
desarmado. Así, la ausencia de la belleza impregna también la ima-
ginación. El rostro enfermo no deja recuerdo. El dolor es la causa
del olvido. Tu guitarra atraviesa el aire transparente de la noche,
aliada de los paraísos y de los perros miserables. Bagualas y zam-
bas de inexistentes parajes. Tal vez fuiste el primer artista que co-
nocí, en aquella era que parece un desprendimiento que negara el
paso del tiempo, empecinado por quedarse y sobrevivir en mi men-
te por necesidad de un resplandor perenne para enfrentar la inmi-
nencia de la tiniebla. Los rostros desaparecen, quedan blancos en
mi memoria como ideas, cuando la búsqueda es encontrar un estí-
mulo sensible, una apariencia material para volver a aquel lugar.
Aquellas formas de vida que no tienen referente en la realidad ac-
tual, y que yo relaciono con la juventud de mis padres: los campos
nocturnos, el aroma a pasto mojado y la locura de los bichos de
luz alrededor de las rodillas. La amenaza del impulso de desapare-
cer transtorna la opacidad del mundo, un deterioro de la energía
que tendría que concentrarse. No recupero acorde alguno ni la esen-
cia de aquel tiempo. Debo destruir lo que creí evolución y aprendi-
zaje. La infancia de mi poesía está impregnada de aquellos aromas
y de aquellos sonidos. Me despierto cada día midiendo las ideas que
me separan de aquellas orillas de luz cegadora. Desvanecidos mundos
de especulación. Solo la experiencia de reencontrarme me puede de-
volver el origen. Un punto de referencia como aquella minúscula i-
magen religiosa que resplandecía en la oscuridad del cuarto de mis
abuelos y que yo miraba hipnoptizado y desvelado sin saber la ra-
zón: solo que era una realidad que no sabía de preguntas. Estaba allí
en la pieza mientras todos dormían y parecía tener alguna relación
con la luz de la luna y las flores del cedrón de la cruz que yo no podía
ver pero sí oler desde la almohada mojada por mi sudor. Ellos no
podrían reconocerme ahora ni entender porqué cambió mi rostro.
(1991)
lunes, 15 de marzo de 2010
11.
No encontramos reposo. Buscamos ese reposo
indescriptible de la muerte del día, esa
abertura en el vacío cuando el viento
crea el caos en el patio con su luz oscurecida
que parece venir de ningún lugar.
Emana de su propia vida silenciosa
como una cualidad que no conocemos.
Algo constante vislumbrado
en la evidencia de los cambios,
en el asombro de un nuevo estado.
(1987)
No encontramos reposo. Buscamos ese reposo
indescriptible de la muerte del día, esa
abertura en el vacío cuando el viento
crea el caos en el patio con su luz oscurecida
que parece venir de ningún lugar.
Emana de su propia vida silenciosa
como una cualidad que no conocemos.
Algo constante vislumbrado
en la evidencia de los cambios,
en el asombro de un nuevo estado.
(1987)
sábado, 13 de marzo de 2010
10.
¿Cómo decimos la tonalidad
precisa de ese ambiente
donde las moscas se ponen activas
y algo queda grabado en el agua y no
en el bronce, cuando se rememoran
árboles y no personas, tiempo
que pasa y no la historia? Una constelación
de afectos imprevisibles en su nada:
el destello de unas manos
que escriben sutilmente un movimiento
para ser perdido. Escribir
el contorno de las fronteras
infranqueables. La nebulosa
pétrea que está ahí, al alcance de
las mismas manos en su esfuerzo imposible,
urdiendo su propia caída
de la casa de Usher, enclaustradas
en esa habitación agobiante
que recibe el color del crepúsculo
en forma de eco. Creando un reino
ambiguo: un tango saboreado con reservas
en un momento de ocio o
de pérdida de orientación, guiado
por el reducido espectro de un instinto
animal. Un rastro que solo el olfato
percibe, por ejemplo,
porque la soberbia del método
o la precisión del sistema
se corroen a la intemperie.
(1987)
¿Cómo decimos la tonalidad
precisa de ese ambiente
donde las moscas se ponen activas
y algo queda grabado en el agua y no
en el bronce, cuando se rememoran
árboles y no personas, tiempo
que pasa y no la historia? Una constelación
de afectos imprevisibles en su nada:
el destello de unas manos
que escriben sutilmente un movimiento
para ser perdido. Escribir
el contorno de las fronteras
infranqueables. La nebulosa
pétrea que está ahí, al alcance de
las mismas manos en su esfuerzo imposible,
urdiendo su propia caída
de la casa de Usher, enclaustradas
en esa habitación agobiante
que recibe el color del crepúsculo
en forma de eco. Creando un reino
ambiguo: un tango saboreado con reservas
en un momento de ocio o
de pérdida de orientación, guiado
por el reducido espectro de un instinto
animal. Un rastro que solo el olfato
percibe, por ejemplo,
porque la soberbia del método
o la precisión del sistema
se corroen a la intemperie.
(1987)
9.
Esa tormenta riza el aire. Su relumbre ciruela.
Sobre todo, sigue vacía la silla
en su eterna espera soportando el peso
de su oquedad.
Algo que cae, casi ingrávido,
entre el eco de signos,
en su húmedo ambiente. Rígido arrecife,
aliento endurecido, canto
solidificado. Pone un orden
desquiciado en su propia cualidad
de esfera. Perfecto mundo
que solo exhibe la textura
de la duda, la transparencia turbia
de una piel como una playa
remota.
No hay evolución
sino el desplazamiento imperceptible
de una materia en su constante
no lugar. Sin origen. Como decir
sin propósito ni destino. Durando
en la previsible
imagen del remolino de hojas secas.
(1987)
Esa tormenta riza el aire. Su relumbre ciruela.
Sobre todo, sigue vacía la silla
en su eterna espera soportando el peso
de su oquedad.
Algo que cae, casi ingrávido,
entre el eco de signos,
en su húmedo ambiente. Rígido arrecife,
aliento endurecido, canto
solidificado. Pone un orden
desquiciado en su propia cualidad
de esfera. Perfecto mundo
que solo exhibe la textura
de la duda, la transparencia turbia
de una piel como una playa
remota.
No hay evolución
sino el desplazamiento imperceptible
de una materia en su constante
no lugar. Sin origen. Como decir
sin propósito ni destino. Durando
en la previsible
imagen del remolino de hojas secas.
(1987)
jueves, 4 de marzo de 2010
8. UN TEXTO SUPERFLUO (fragmentos)
***
Raíces emergentes como la cabellera de la Medusa en los claroscuros
feéricos que iluminaban lo que parecía una torpeza de la percepción, esa
torpeza que incitaba a imaginar, desplazar la materia
de la pintura, situarla en el mundo real
para transformarlo, encantarlo. Contemplador activo
fascinado por el concepto de perspectiva aérea
después de haberlo experimentado intuitivamente desde la infancia,
la tenue y vaga distancia que difumina el límite
entre la tierra y el cielo, imaginador de cúpulas
en lo que solo eran grupos de álamos y plátanos
bajo un aguacero o entre la cerrazón resplandeciente que
ocultaba la fuente de su luminosidad,
campos que parecían piedras cubiertas por el musgo
dentro de un aire líquido y sin movimiento, lugar para
las exploraciones silenciosas en un asombro secreto,
intangible: erotismo que sobrevuela
la tensión entre conocimiento y estética. La
imposibilidad de comunicar con palabras
abre la vastedad de esa estrategia desconocida
hasta entonces: comunicar a través de aproximaciones
irrisorias de criaturas que se creía
pertenecientes a mundos distantes como si las
pinturas estudiadas hubieran sido las primeras imágenes
contempladas y hubieran precedido
a las palabras, poética que no tiene otra salida
que reproducirse a si misma, negada
por lo que entiende por poesía y que adquiere
su ser precisamente por esa antimomia
nacida de esa parálisis (o paraíso) de la sensibilidad
como la superación de los límites que
para el pintor significan el papel o el lienzo. Se abría
camino a través de imposturas estetizantes
y lugares comunes para alcanzar una consumación incompleta
empañada por la sensación de fracaso, puesta en duda
de continuo, anulando toda la experiencia anterior
y recomenzando cada día de la nada, como salpicaduras
azarosas que parecen formar una imagen solo
concebible en una mente que desperdicia sus energías
por pura costumbre. No existe nada
mas que esta frase que se percibe a si misma
y no consigue determinar su propósito:
insiste en su vértigo, en cierta intensidad sentida
como un hallazgo que debe superarse de inmediato.
***
Una mente trashumante de día en día
no queda en ninguna parte, no se ata a nada.
Así de simple: no se proyecta hacia su
consumación, se confunde con el ruido de hojas,
con la desaparición de sus ancestros
a la hora del atardecer.
Ningún signo sobre la arena, ninguna
respiración entre la oscuridad.
Es enorme la distancia entre los extraños,
es inmenso el silencio entre personas
familiares (nada para decir), la mente en blanco,
sentados en el jardín ese atardecer de verano
se habla de los muertos recientes
como si aún estuvieran vivos, como si no se los
hubiera visto en el último mes,
como si hubieran hecho un viaje de
vacaciones. Aquellas voces tan conocidas
sonando en la memoria, mas verdaderas
que los rostros que se desvanecen
borrando sus detalles, todo dentro de un enigma
con el color de las cosas en esa hora. Nunca
hablamos, solo un roce de los cuerpos
es suficiente y necesario.
Nuestras voces vienen de un lugar
vacío de ideas, tan inconciente
como si nunca hubiera existido.
Parece imposible extraer algo vivo del tedio,
algo deslumbrante de la esterilidad absoluta.
Parece imposible encontrar territorios ignotos
en una sensibilidad atrofiada. Buscamos
a los otros caminando a ciegas,
buscamos
mas que su materia sólida
y previsible, sus apariciones,
creando una leyenda
de un aire inerte poblado de
árboles opacos y polvorientos,
construyendo una mitología
de una historia improbable,
escuchando susurros persuasivos
de palabras solas dichas en las sombras
de los jardines. Esa cercanía tuya
es un placebo, un engaño necesario
mas real que todo deseo ilusorio
y trascendente. Así, consolado
por una vacua costumbre, por una
comunicante tibieza anticipada por un
cúmulo de palabras y de ideas
que no explican nada. Ese cercano
límite de la ciudad que nunca se alcanza
paseando, ese detenimiento para preguntarse
hacia dónde evoluciona esa disolución,
esa certeza de minúsculas destrucciones que corroe
cada instante: débiles mareos que cercan el pensamiento,
sutiles desvanecimientos que nos
dicen que la memoria es un soplo,
una imagen que se diluye: una manera
de volver a nacer, cubrirlo todo con una pátina
de sentido y belleza, una necesidad
de proyectar otras dimensiones a esa apariencia
que llamamps devenir, como alcanzar
una especie de instante eterno, un
cruce de varios puntos de vista
sobre un objeto cambiante, percepción
de deterioros y esplendores
que nuestra edad niega y confirma. Lucidez
oscura, dolorosa plenitud
de una agonía que se pierde sutilmente
como una minuciosa forma de goteo
asegurando con la saensibilidad
esa tierra que se hunde hacia su nadir.
Interiores sumergidos que necesitan
una potencia atávica para emerger y que tienen
relación mas con el instinto de supervivencia
que con el edificio de las ideas. Botánicas
caóticas y proliferantes
mas relevantes que el orden establecido
de los significados que parecen perdurar
solo por mérito de esa esfera apolínea
de tedio acostumbrado. Así, asimilas
todos los temperamentos que conocí y que
todavía no explico pero que solo puedo atrapar
en esta sucesión de palabras de modo
que si tuvieras una esencia sería imposible
definirla porque ambos carecemos
de centro, ambos somos un continuo (ni siquiera
una experiencia
ya que ésta es una forma de la quietud.
(1986 - 1991)
***
Raíces emergentes como la cabellera de la Medusa en los claroscuros
feéricos que iluminaban lo que parecía una torpeza de la percepción, esa
torpeza que incitaba a imaginar, desplazar la materia
de la pintura, situarla en el mundo real
para transformarlo, encantarlo. Contemplador activo
fascinado por el concepto de perspectiva aérea
después de haberlo experimentado intuitivamente desde la infancia,
la tenue y vaga distancia que difumina el límite
entre la tierra y el cielo, imaginador de cúpulas
en lo que solo eran grupos de álamos y plátanos
bajo un aguacero o entre la cerrazón resplandeciente que
ocultaba la fuente de su luminosidad,
campos que parecían piedras cubiertas por el musgo
dentro de un aire líquido y sin movimiento, lugar para
las exploraciones silenciosas en un asombro secreto,
intangible: erotismo que sobrevuela
la tensión entre conocimiento y estética. La
imposibilidad de comunicar con palabras
abre la vastedad de esa estrategia desconocida
hasta entonces: comunicar a través de aproximaciones
irrisorias de criaturas que se creía
pertenecientes a mundos distantes como si las
pinturas estudiadas hubieran sido las primeras imágenes
contempladas y hubieran precedido
a las palabras, poética que no tiene otra salida
que reproducirse a si misma, negada
por lo que entiende por poesía y que adquiere
su ser precisamente por esa antimomia
nacida de esa parálisis (o paraíso) de la sensibilidad
como la superación de los límites que
para el pintor significan el papel o el lienzo. Se abría
camino a través de imposturas estetizantes
y lugares comunes para alcanzar una consumación incompleta
empañada por la sensación de fracaso, puesta en duda
de continuo, anulando toda la experiencia anterior
y recomenzando cada día de la nada, como salpicaduras
azarosas que parecen formar una imagen solo
concebible en una mente que desperdicia sus energías
por pura costumbre. No existe nada
mas que esta frase que se percibe a si misma
y no consigue determinar su propósito:
insiste en su vértigo, en cierta intensidad sentida
como un hallazgo que debe superarse de inmediato.
***
Una mente trashumante de día en día
no queda en ninguna parte, no se ata a nada.
Así de simple: no se proyecta hacia su
consumación, se confunde con el ruido de hojas,
con la desaparición de sus ancestros
a la hora del atardecer.
Ningún signo sobre la arena, ninguna
respiración entre la oscuridad.
Es enorme la distancia entre los extraños,
es inmenso el silencio entre personas
familiares (nada para decir), la mente en blanco,
sentados en el jardín ese atardecer de verano
se habla de los muertos recientes
como si aún estuvieran vivos, como si no se los
hubiera visto en el último mes,
como si hubieran hecho un viaje de
vacaciones. Aquellas voces tan conocidas
sonando en la memoria, mas verdaderas
que los rostros que se desvanecen
borrando sus detalles, todo dentro de un enigma
con el color de las cosas en esa hora. Nunca
hablamos, solo un roce de los cuerpos
es suficiente y necesario.
Nuestras voces vienen de un lugar
vacío de ideas, tan inconciente
como si nunca hubiera existido.
Parece imposible extraer algo vivo del tedio,
algo deslumbrante de la esterilidad absoluta.
Parece imposible encontrar territorios ignotos
en una sensibilidad atrofiada. Buscamos
a los otros caminando a ciegas,
buscamos
mas que su materia sólida
y previsible, sus apariciones,
creando una leyenda
de un aire inerte poblado de
árboles opacos y polvorientos,
construyendo una mitología
de una historia improbable,
escuchando susurros persuasivos
de palabras solas dichas en las sombras
de los jardines. Esa cercanía tuya
es un placebo, un engaño necesario
mas real que todo deseo ilusorio
y trascendente. Así, consolado
por una vacua costumbre, por una
comunicante tibieza anticipada por un
cúmulo de palabras y de ideas
que no explican nada. Ese cercano
límite de la ciudad que nunca se alcanza
paseando, ese detenimiento para preguntarse
hacia dónde evoluciona esa disolución,
esa certeza de minúsculas destrucciones que corroe
cada instante: débiles mareos que cercan el pensamiento,
sutiles desvanecimientos que nos
dicen que la memoria es un soplo,
una imagen que se diluye: una manera
de volver a nacer, cubrirlo todo con una pátina
de sentido y belleza, una necesidad
de proyectar otras dimensiones a esa apariencia
que llamamps devenir, como alcanzar
una especie de instante eterno, un
cruce de varios puntos de vista
sobre un objeto cambiante, percepción
de deterioros y esplendores
que nuestra edad niega y confirma. Lucidez
oscura, dolorosa plenitud
de una agonía que se pierde sutilmente
como una minuciosa forma de goteo
asegurando con la saensibilidad
esa tierra que se hunde hacia su nadir.
Interiores sumergidos que necesitan
una potencia atávica para emerger y que tienen
relación mas con el instinto de supervivencia
que con el edificio de las ideas. Botánicas
caóticas y proliferantes
mas relevantes que el orden establecido
de los significados que parecen perdurar
solo por mérito de esa esfera apolínea
de tedio acostumbrado. Así, asimilas
todos los temperamentos que conocí y que
todavía no explico pero que solo puedo atrapar
en esta sucesión de palabras de modo
que si tuvieras una esencia sería imposible
definirla porque ambos carecemos
de centro, ambos somos un continuo (ni siquiera
una experiencia
ya que ésta es una forma de la quietud.
(1986 - 1991)
7.
Era mas espectral a medida que la materia se hacía
mas densa, mientras nuestros deseos y nuestros afectos
se perdían. Destellos efímeros como las luciérnagas
alrededor de la casa solariega, entre los sauces y los
fresnos, un poco mas allá del camino, antes del puente
de piedra. Huérfanos verdaderos entregados a la trans-
ferencia sutil de un aliento esencial para ser reconocidos,
hundidos en un perenne silencio de fondo, liberados
del infierno sonoro de las cosas inconexas, separadas
de nosotros desde siempre. Sensibilidades labradas
con paciencia en la calma de la noche, después del de-
sequilibrio insoportable del atardecer. Mensaje imper-
ceptible detrás del velo de los rostros, descifrable solo
por la mirada. Perdidos en lo oscuro de un fragmento
de tiempo comprendíamos, por esa caída, la totalidad.
Era mas espectral a medida que la materia se hacía
mas densa, mientras nuestros deseos y nuestros afectos
se perdían. Destellos efímeros como las luciérnagas
alrededor de la casa solariega, entre los sauces y los
fresnos, un poco mas allá del camino, antes del puente
de piedra. Huérfanos verdaderos entregados a la trans-
ferencia sutil de un aliento esencial para ser reconocidos,
hundidos en un perenne silencio de fondo, liberados
del infierno sonoro de las cosas inconexas, separadas
de nosotros desde siempre. Sensibilidades labradas
con paciencia en la calma de la noche, después del de-
sequilibrio insoportable del atardecer. Mensaje imper-
ceptible detrás del velo de los rostros, descifrable solo
por la mirada. Perdidos en lo oscuro de un fragmento
de tiempo comprendíamos, por esa caída, la totalidad.
6.
La isla de la conversación borra los detalles
del mundo que la rodea, repetida entre espejos
de la tarde violácea hasta el infinito de si misma,
protegida en su atmósfera: coraza o caparazón
secreta. Afuera, las columnas vagas,
los animales taciturnos que huelen la sombra,
el aroma del rocío o la sangre. Ellos levantan
la mirada hacia las constelaciones
confusos y vencidos. Plantas que respiran
el final. Enjambre que vuelve, extraviado,
al mismo lugar a detenerse sobre la mano blanca
de un campo, aparecida de los árboles.
Luna apocalíptica, alquimia enloquecida. Memoria
súbita que colapsa todas las ideas, deja en suspenso
al tiempo ordenado por sus límites. Ahora emerge
la espuma hecha de palabras arbitrarias. La
secreción real de esos troncos putrefactos
es parte de la quimera. Pueblo espectral,
parque obsesivo, pesadilla de insectos
en la ola de calor de un cíclico enero.
Mundo a punto de ser arrastrado por
el agua turbia de un río oscuro y absoluto.
(1986)
La isla de la conversación borra los detalles
del mundo que la rodea, repetida entre espejos
de la tarde violácea hasta el infinito de si misma,
protegida en su atmósfera: coraza o caparazón
secreta. Afuera, las columnas vagas,
los animales taciturnos que huelen la sombra,
el aroma del rocío o la sangre. Ellos levantan
la mirada hacia las constelaciones
confusos y vencidos. Plantas que respiran
el final. Enjambre que vuelve, extraviado,
al mismo lugar a detenerse sobre la mano blanca
de un campo, aparecida de los árboles.
Luna apocalíptica, alquimia enloquecida. Memoria
súbita que colapsa todas las ideas, deja en suspenso
al tiempo ordenado por sus límites. Ahora emerge
la espuma hecha de palabras arbitrarias. La
secreción real de esos troncos putrefactos
es parte de la quimera. Pueblo espectral,
parque obsesivo, pesadilla de insectos
en la ola de calor de un cíclico enero.
Mundo a punto de ser arrastrado por
el agua turbia de un río oscuro y absoluto.
(1986)
miércoles, 3 de marzo de 2010
5.
El pensamiento cristaliza toda evolución y es cristalizado por reflejo: efecto
opuesto, inesperado.
Esta atmósfera es cristalizada por la escritura, que es una manera de pen-
sarla. Atmósfera hecha piedra resplandeciente, pero piedra al fin.
Una escritura de la anulación absoluta de si misma. Otro lugar en ningún
lugar.
Una quimera platónica. Un silencio en su limbo.
(1986)
El pensamiento cristaliza toda evolución y es cristalizado por reflejo: efecto
opuesto, inesperado.
Esta atmósfera es cristalizada por la escritura, que es una manera de pen-
sarla. Atmósfera hecha piedra resplandeciente, pero piedra al fin.
Una escritura de la anulación absoluta de si misma. Otro lugar en ningún
lugar.
Una quimera platónica. Un silencio en su limbo.
(1986)
4.
Este instante como una idea catastrófica
exige precisión. Es un paisaje temporal
minúsculo, inestable como
toda arena o pensamiento
que se piensa. El menor pensamiento
de cada día o el deslumbramiento
que inunda repentino en la noche.
Noche como papel húmedo. Turbio
y febril mapamundi.
Hundimiento
de todas las representaciones: el tiempo
cercenado de lleno por sus opositores
implacables: pasado, presente, futuro. Vértigo
de ese vacío hacia
las antípodas con el mismo síntoma
de estar inmóvil en un jardín,
centro de la circunvalación de la luz
y la sombra. No hay nada peor
que un muro continuo,
viscoso o invisible. Enigma
polinizado
por esa mutante y
abierta siempre sobre
si misma
(1986)
Este instante como una idea catastrófica
exige precisión. Es un paisaje temporal
minúsculo, inestable como
toda arena o pensamiento
que se piensa. El menor pensamiento
de cada día o el deslumbramiento
que inunda repentino en la noche.
Noche como papel húmedo. Turbio
y febril mapamundi.
Hundimiento
de todas las representaciones: el tiempo
cercenado de lleno por sus opositores
implacables: pasado, presente, futuro. Vértigo
de ese vacío hacia
las antípodas con el mismo síntoma
de estar inmóvil en un jardín,
centro de la circunvalación de la luz
y la sombra. No hay nada peor
que un muro continuo,
viscoso o invisible. Enigma
polinizado
por esa mutante y
abierta siempre sobre
si misma
(1986)
3.
Un estado de grial, una magnitud
transparente traspasando todo
sentida como la sombra clara de los pinares
mas allá del temblor alado
del final. Una energía
que ordena las palabras en
un mapa singular que solo parece
saber de mares en movimiento. Oculto
esplendor de fondo, vasto día
cifra de todos los días, enlazando
y afinando todas las órbitas descentradas
por la percepción material del
espacio y del tiempo.
(1985)
Un estado de grial, una magnitud
transparente traspasando todo
sentida como la sombra clara de los pinares
mas allá del temblor alado
del final. Una energía
que ordena las palabras en
un mapa singular que solo parece
saber de mares en movimiento. Oculto
esplendor de fondo, vasto día
cifra de todos los días, enlazando
y afinando todas las órbitas descentradas
por la percepción material del
espacio y del tiempo.
(1985)
martes, 2 de marzo de 2010
2. DECADA (DRIPPING)
Conductos en la arenisca
bajo la corriente,
el movimiento transparente
altera mis sentidos, deforma la memoria. La variedad de colores
mutantes y oscuros bajo el resplandor plano y fugaz,
leídos y sentidos por mis pies helados: el pintor frustrado
que respira en algún lugar de mi mente
se funde en el ejercicio del dolor por la memoria. Toda la existencia
se concentra en ese instante, en ese vértigo efímero
atrapado en el silencio solar de una tarde de enero,
en ese verde silencio y en el arenal ardiente
que tiembla a la altura de mis ojos. Sigo por el lecho del río
intentando sentir el asombro de una curva, la variación
de un nuevo paisaje, luchando con la muerte de mi
mente. Resbalo en el musgo del fondo,
no puedo concentrarme: las gotas de sudor
corren por mis ojos.
No existe respuesta posible a ese intangible rumor líquido,
movimiento sin palabras, decir sin ideas, especie de caos
proliferante o vacío absoluto en espera constante. Los brotes
caliginosos en una silenciosa morada azulada, interior
de antepasados que parecen no haber estado nunca allí,
muebles con el aroma áspero a moho y humedad, melodía
lenta y densa mas allá de esa presencia vaga
como un falso recuerdo pero que aún parece escucharse,
casona adentro de un estanque, campo con niebla,
pastos y tierra negra, dentro de un resplandor
que agudiza y exaspera la sombra inmensa de los
árboles. Mundo dentro de esa especie de
líquido que es un recordar constante en el olvido.
Una corriente sonora
en el hueco que deja el pensamiento
detrás de la mirada encandilada por la luz. No hay cambios,
ni la quietud tiene el mismo sentido. Sonidos atropellados
que se parecen a un rumor ardiente o
a un líquido desconocido que sumerge los pies vacilantes
o al mareo que produce la intensidad:
transtorna y aleja la revelación, el vaivén
de una melodía deteriorada por el sonido seco
de los insectos. Oscuro murmullo
que viene de la sombra, inminencia
de una tormenta.
Conductos en la arenisca
bajo la corriente,
el movimiento transparente
altera mis sentidos, deforma la memoria. La variedad de colores
mutantes y oscuros bajo el resplandor plano y fugaz,
leídos y sentidos por mis pies helados: el pintor frustrado
que respira en algún lugar de mi mente
se funde en el ejercicio del dolor por la memoria. Toda la existencia
se concentra en ese instante, en ese vértigo efímero
atrapado en el silencio solar de una tarde de enero,
en ese verde silencio y en el arenal ardiente
que tiembla a la altura de mis ojos. Sigo por el lecho del río
intentando sentir el asombro de una curva, la variación
de un nuevo paisaje, luchando con la muerte de mi
mente. Resbalo en el musgo del fondo,
no puedo concentrarme: las gotas de sudor
corren por mis ojos.
No existe respuesta posible a ese intangible rumor líquido,
movimiento sin palabras, decir sin ideas, especie de caos
proliferante o vacío absoluto en espera constante. Los brotes
caliginosos en una silenciosa morada azulada, interior
de antepasados que parecen no haber estado nunca allí,
muebles con el aroma áspero a moho y humedad, melodía
lenta y densa mas allá de esa presencia vaga
como un falso recuerdo pero que aún parece escucharse,
casona adentro de un estanque, campo con niebla,
pastos y tierra negra, dentro de un resplandor
que agudiza y exaspera la sombra inmensa de los
árboles. Mundo dentro de esa especie de
líquido que es un recordar constante en el olvido.
Una corriente sonora
en el hueco que deja el pensamiento
detrás de la mirada encandilada por la luz. No hay cambios,
ni la quietud tiene el mismo sentido. Sonidos atropellados
que se parecen a un rumor ardiente o
a un líquido desconocido que sumerge los pies vacilantes
o al mareo que produce la intensidad:
transtorna y aleja la revelación, el vaivén
de una melodía deteriorada por el sonido seco
de los insectos. Oscuro murmullo
que viene de la sombra, inminencia
de una tormenta.
Arboleda: dos décadas de poesía de Carlos Rosas, 1985 - 2005.
l.
Solo una esfera de silencio:
no eran embarcaciones sumergidas en tu cerebro.
La única alternativa cuando se despedían
y entraban en el cuerpo de los árboles negros.
Yo narraba la historia:
se disolvía en tu lengua para mojar
aquella era marchita, muerta
para siempre con las bicicletas
que se iban hacia el Barrio López.
De pronto era la noche la que caminaba sobre las hojas secas
de aquel rincón del parque. Podría aparecer
un rostro helado del fondo del arroyo,
con los ojos abiertos,
un rostro en el hielo de una vida anterior.
Tu genealogía era para mí la piel dulce y caliente
que exploré desarmado, desamado hasta aquel día.
Podrías abrir tu camisa por primera vez,
dejar que saltaran tus pezones pequeños
para encender la lluvia de mis manos,
dejar a tu madre muerta para siempre
junto a tu alcohólico padre,
caminar sobre las columnas finas y blancas
de tus piernas hacia el claro de los suicidas:
aquella zona extraña que alteraba mi sensibilidad.
Yo adoraba tus rodillas arrodillado
y asombrado del resplandor blanco en la oscuridad,
la hoguera que giraba en tu nuca
aunque en aquel momento
tu fuga tenía el incorpóreo erotismo
de las mujeres de Paul Delvaux.
Podría escribir innumerables inútiles exploraciones
en aquellos mapas de locura verdadera.
No existía otra historia:
solo la sensación de un deslizamiento hacia
una ilusión, hacia un infierno mental
de insectos volando en círculos
alrededor de las lámparas de neón.
(1985)
Solo una esfera de silencio:
no eran embarcaciones sumergidas en tu cerebro.
La única alternativa cuando se despedían
y entraban en el cuerpo de los árboles negros.
Yo narraba la historia:
se disolvía en tu lengua para mojar
aquella era marchita, muerta
para siempre con las bicicletas
que se iban hacia el Barrio López.
De pronto era la noche la que caminaba sobre las hojas secas
de aquel rincón del parque. Podría aparecer
un rostro helado del fondo del arroyo,
con los ojos abiertos,
un rostro en el hielo de una vida anterior.
Tu genealogía era para mí la piel dulce y caliente
que exploré desarmado, desamado hasta aquel día.
Podrías abrir tu camisa por primera vez,
dejar que saltaran tus pezones pequeños
para encender la lluvia de mis manos,
dejar a tu madre muerta para siempre
junto a tu alcohólico padre,
caminar sobre las columnas finas y blancas
de tus piernas hacia el claro de los suicidas:
aquella zona extraña que alteraba mi sensibilidad.
Yo adoraba tus rodillas arrodillado
y asombrado del resplandor blanco en la oscuridad,
la hoguera que giraba en tu nuca
aunque en aquel momento
tu fuga tenía el incorpóreo erotismo
de las mujeres de Paul Delvaux.
Podría escribir innumerables inútiles exploraciones
en aquellos mapas de locura verdadera.
No existía otra historia:
solo la sensación de un deslizamiento hacia
una ilusión, hacia un infierno mental
de insectos volando en círculos
alrededor de las lámparas de neón.
(1985)
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