22.
esa frase caracolea, dentro del invierno
todo. Invierno por las manos
blancas, abiertas, sin nada salvo
el blanco. Salvo una historia
difuminada, constelación
sonora, agua intangible,
rumor nuestro, pobreza de otros.
Caracolea la frase, espectral como
todo lo nuestro, como todo
el camino, irreal
como todos los crepúsculos
deslizados. Y sus árboles
aguados y sus aguas
arborescentes: espejos
en movimiento. Como todo lo nuestro.
Como todos nuestros dioses
interiores.
Preparados para morir
ligeramente.
Reflejo violáceo que no
revela la hondura de la laguna.
Ligero. Liviano. Realidad hecha
aliento, halo todo, silencio blanco sin
palabra negra, sin idea infiel, sin
presentimiento final, sin influencia
fluyente. Pero no todo nuestro, no
todo así de simple. Sencillo como
el agua de todos nuestros años: planeta
que fluye entre los pies nuevos. Algo
por fuera de la ciudad, por sus
alrededores. Algo sordo y vasto
como un abrazo de sombra.
Si quedamos ahí sin movernos
se lo percibe. No hay voz ni
mirada lapidaria que lo detenga.
Sonando dentro de un caparazón
su rumor monstruoso hasta que viene la
alborada desde el oriente:
ala transparente, angélica.
(de EN UN CLARO)
viernes, 30 de abril de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
21.
ceniza celada mientras roza la palabra
abierta en su aspereza un horizonte todo
cerrado: tibieza matriz
bajo el cielo estrellado
con manos hundidas en el arroyo
frío de noche fluyente, tembloroso como sauce
ceniciento también, de ceniza verde
hecho, así lo veo, sobre mi padre también fluyente
que se lleva el tiempo como si fuera
un arpegio en su mas secreto encordado (apenas
así lo rememoro) o como arena húmeda
que se va en minuciosos meandros
elocuentes como su silencio (creí
que era un silencio pétreo)
(de EN UN CLARO)
ceniza celada mientras roza la palabra
abierta en su aspereza un horizonte todo
cerrado: tibieza matriz
bajo el cielo estrellado
con manos hundidas en el arroyo
frío de noche fluyente, tembloroso como sauce
ceniciento también, de ceniza verde
hecho, así lo veo, sobre mi padre también fluyente
que se lleva el tiempo como si fuera
un arpegio en su mas secreto encordado (apenas
así lo rememoro) o como arena húmeda
que se va en minuciosos meandros
elocuentes como su silencio (creí
que era un silencio pétreo)
(de EN UN CLARO)
miércoles, 28 de abril de 2010
20.
Fijeza y hondura, centro perdurable detrás
del asombro de la lluvia. Lente difusa.
Pulso del tiempo.
Morada ensimismada de
un cuerpo absorto que se piensa, obra sutil
de la piel.
Infancia que retorna en el lleno silencio de blancura.
Singularidad que es
principio de muerte, separación de la
vida perdurable.
Infancia perdurable que es como
el sentido que el pensamiento pierde.
El pensamiento sin sentido se percibe
pensamiento.
Incertidumbre palpable.
Atomizados reflejos del agua. Aroma de un
viaje lejano. Aroma que se hace puro viaje. Aroma de un
tren en la alborada. Aroma a campo. Aroma de una
esencia perdurable que vuelve insignificante a la
muerte. La muerte de la luz del campo.
Aroma de la noche. Aroma de los yuyos
mojados por el cielo estrellado. Aroma azulado y
transparente. Inconmensurable
esfera de aroma sosteniendo con un
sentido secreto las órbitas indescifrables de las luciérnagas.
Fijeza y hondura que es el movimiento
sin tino de mis límites, de mi ignorante balbucear.
Hacia allí retorno, saliendo del tiempo. Retorno
volviéndome entero.
Padre de mi infancia perenne.
(de EN UN CLARO, 1998-2003)
Fijeza y hondura, centro perdurable detrás
del asombro de la lluvia. Lente difusa.
Pulso del tiempo.
Morada ensimismada de
un cuerpo absorto que se piensa, obra sutil
de la piel.
Infancia que retorna en el lleno silencio de blancura.
Singularidad que es
principio de muerte, separación de la
vida perdurable.
Infancia perdurable que es como
el sentido que el pensamiento pierde.
El pensamiento sin sentido se percibe
pensamiento.
Incertidumbre palpable.
Atomizados reflejos del agua. Aroma de un
viaje lejano. Aroma que se hace puro viaje. Aroma de un
tren en la alborada. Aroma a campo. Aroma de una
esencia perdurable que vuelve insignificante a la
muerte. La muerte de la luz del campo.
Aroma de la noche. Aroma de los yuyos
mojados por el cielo estrellado. Aroma azulado y
transparente. Inconmensurable
esfera de aroma sosteniendo con un
sentido secreto las órbitas indescifrables de las luciérnagas.
Fijeza y hondura que es el movimiento
sin tino de mis límites, de mi ignorante balbucear.
Hacia allí retorno, saliendo del tiempo. Retorno
volviéndome entero.
Padre de mi infancia perenne.
(de EN UN CLARO, 1998-2003)
lunes, 26 de abril de 2010
19.
l.
Es posible dar la impresión de vastedad
en un espacio reducido y mínimo. Debería decir
"inmensidad". Los cambios la acentúan.
También la gestualidad de la materia
siempre en movimiento. Pero la ausencia
de materia es la propia inmensidad.
No la fingida, la mera impostura.
ll.
El irrisorio colapso del cielo
impregna el vacío de la hoja, el registro
de la falta de entendimiento. El poema escrito
se hunde en si mismo. No ofrece salida.
Implosiona. Se hipertrofia. Jardín de exterminio
donde el cuerpo es un dato real,
una prueba del tiempo.
lll.
Un itinerario vibra
como una filigrana que se habla.
Temple sometido a las
elevadas presiones de un pensamiento
en constante entropía.
Solo se percibe
una alterada superficie, un
sentido atomizado en
crispadas imágenes, aromas que
se miran. Esos acontecimientos
ocurriendo en cualquier lugar
parecen decir que este mundo
ha nacido de nuevo y
que ya no tenemos influencia sobre él.
Hablando sobre mojado.
lV.
Ese monólogo corrosivo tiene
un origen inaccesible,
por lo tanto da cuenta mas
de lo que pretende. No da descanso.
Arrastra al cuerpo por la
tangente, trabaja
en la demolición del silencio mas pétreo.
Se respira su tensa
forma de ficción, se inhala
sus tóxicas esporas. En el horizonte
cerrado una tenue figura en
descomposición.
V.
Algo irreductible como
el volumen de un hábito
o como una pieza destronada. Una teoría
urdida en un denso
aire interior, en el dedicado
delicado estudio del moho. Cuando las aguas
se mecen, cuando las aguas
se acercan (imposible cercar las aguas,
poner una barrera de contención)
tenemos dudas sobre los conceptos
heredados. Tendremos
que empezar de nuevo desde la nada, decir
como quien no sabe a donde va
ni de donde viene. De nuevo
la imagen del maelstrôm
que se traga todo (o el sueño
de una embarcación
varada en un desierto).
¿Tengo que explicarte
sin explicarme?
Las palabras atraviesan el filtro
de una cerrazón descifrante.
(de DOCE POEMAS PROBLEMÁTICOS,
1995-1997)
l.
Es posible dar la impresión de vastedad
en un espacio reducido y mínimo. Debería decir
"inmensidad". Los cambios la acentúan.
También la gestualidad de la materia
siempre en movimiento. Pero la ausencia
de materia es la propia inmensidad.
No la fingida, la mera impostura.
ll.
El irrisorio colapso del cielo
impregna el vacío de la hoja, el registro
de la falta de entendimiento. El poema escrito
se hunde en si mismo. No ofrece salida.
Implosiona. Se hipertrofia. Jardín de exterminio
donde el cuerpo es un dato real,
una prueba del tiempo.
lll.
Un itinerario vibra
como una filigrana que se habla.
Temple sometido a las
elevadas presiones de un pensamiento
en constante entropía.
Solo se percibe
una alterada superficie, un
sentido atomizado en
crispadas imágenes, aromas que
se miran. Esos acontecimientos
ocurriendo en cualquier lugar
parecen decir que este mundo
ha nacido de nuevo y
que ya no tenemos influencia sobre él.
Hablando sobre mojado.
lV.
Ese monólogo corrosivo tiene
un origen inaccesible,
por lo tanto da cuenta mas
de lo que pretende. No da descanso.
Arrastra al cuerpo por la
tangente, trabaja
en la demolición del silencio mas pétreo.
Se respira su tensa
forma de ficción, se inhala
sus tóxicas esporas. En el horizonte
cerrado una tenue figura en
descomposición.
V.
Algo irreductible como
el volumen de un hábito
o como una pieza destronada. Una teoría
urdida en un denso
aire interior, en el dedicado
delicado estudio del moho. Cuando las aguas
se mecen, cuando las aguas
se acercan (imposible cercar las aguas,
poner una barrera de contención)
tenemos dudas sobre los conceptos
heredados. Tendremos
que empezar de nuevo desde la nada, decir
como quien no sabe a donde va
ni de donde viene. De nuevo
la imagen del maelstrôm
que se traga todo (o el sueño
de una embarcación
varada en un desierto).
¿Tengo que explicarte
sin explicarme?
Las palabras atraviesan el filtro
de una cerrazón descifrante.
(de DOCE POEMAS PROBLEMÁTICOS,
1995-1997)
sábado, 24 de abril de 2010
18.
"tabla cabalmente esmeraldina."
(E. D.)
volviste a caminar vacilante sobre el hielo. Era la canción
de los grises crisantemos, la ciencia de la paciencia
o el túmulo frente a la puerta, la carga de la tormenta en
ese punto súbito cuando termina la tarde y comienza la noche,
cuando se apaga la luminosidad amarillenta de la lluvia
y la oscuridad es una emanación densa, una pastosidad
anclada en el jardín. Aura eléctrica. ¿Alguien lo dijo?
¿alguien ya lo escribió? cuando comienza la fluencia,
la torva influencia de un oscuro astro interior.
Sólido, despierto imán.
Infancia sobreviviente,
expansión sobremuriente como el clima de
un cuento de los hermanos Grimm, bajo la sombra
resplandeciente del paraíso, la temblorosa
inclinación de cabeza del laurel blanco y
la tenue nube de tierra del patio a donde bajan
los gorriones en bandada, en desbandada
cuando entro confuso al patio. El
silencio
solo y
central.
Un hinchado racimo de frutas inquietantes frente
a un espejo de rostro inconmensurable, lúcido y
grave. Gama cerrada de aliento áspero. Vida silenciosa
y plena en su austera nada de pared blanca y desierta, el lado
frío de un verano interminable cuando los hermanos
se pierden uno al otro en esa isla misteriosa entre el jardín
y la pared de la casa, entre el abrazo de las hojas enormes
y el abismo de la memoria anterior hacia donde nos inclinamos
sin caer, sin dejar de caer, sabiendo un poco mas
de ese no saber en crecimiento.
Algo de un río mas allá, algo de alguien
que murió y está a punto de morir de nuevo en la imaginación, en aquella
extraña zona aledaña donde se quemaron los árboles
una madrugada. Veíamos las lenguas de fuego
ascendiendo como un sol que se desintegraba. Alguien: una sombra raída
que pasa en bicicleta murmurando balbuceando anunciando
el advenimiento de algo terrible, como si la bicileta estuviera
a punto de ser tragada por una abertura en la tierra, mientras
el humo se estanca, acre y dulce por el polen.
Una música no deseada sube
serpenteada hasta esta piedra fatídica, ventana fundida, licuada
por un ensimismado astro: Saturno y su campo magnético
envolviendo la cifra entera del tiempo en ese jardín
maculado por la carcoma. Una música
en corriente que sube, en goterones al acecho. Una pátina
de deseo exceso sobre el puro lienzo
donde se escribía la elegía con hilos de arena, sangre negra, ramas
podridas y el hinchado cielo oscuro y solar
de San Gregorio de Polanco. En el hueco fetal
que dejaron las palabras arcanas al quemarse y
extinguirse. La nada varia del lenguaje exterminado
para que un nuevo encandilamiento emergiera
de ese mismo légamo o legado.
La sensibilidad sola, la sensibilidad pura
obnubila. Es necesaria la lucidez
como contrapeso. Aquellos retazos de canciones
no lograban armar el rompecabezas de una época, de una
ficción emocional, debería decir. Canciones fragmentadas
por el olvido que me rozaban como un aroma
para recuperar instantáneamente lo que yo creía
la quintaesencia de aquel mundo oculto. El olvido, precisamente,
se encarga de preservar lo esencial. Como
el aroma de la lucera, frío, que entra por la ventana
y envuelve mi almohada, tibia, densa.
(para Eduardo Darnauchans in memoriam)
(1989-1997)
"tabla cabalmente esmeraldina."
(E. D.)
volviste a caminar vacilante sobre el hielo. Era la canción
de los grises crisantemos, la ciencia de la paciencia
o el túmulo frente a la puerta, la carga de la tormenta en
ese punto súbito cuando termina la tarde y comienza la noche,
cuando se apaga la luminosidad amarillenta de la lluvia
y la oscuridad es una emanación densa, una pastosidad
anclada en el jardín. Aura eléctrica. ¿Alguien lo dijo?
¿alguien ya lo escribió? cuando comienza la fluencia,
la torva influencia de un oscuro astro interior.
Sólido, despierto imán.
Infancia sobreviviente,
expansión sobremuriente como el clima de
un cuento de los hermanos Grimm, bajo la sombra
resplandeciente del paraíso, la temblorosa
inclinación de cabeza del laurel blanco y
la tenue nube de tierra del patio a donde bajan
los gorriones en bandada, en desbandada
cuando entro confuso al patio. El
silencio
solo y
central.
Un hinchado racimo de frutas inquietantes frente
a un espejo de rostro inconmensurable, lúcido y
grave. Gama cerrada de aliento áspero. Vida silenciosa
y plena en su austera nada de pared blanca y desierta, el lado
frío de un verano interminable cuando los hermanos
se pierden uno al otro en esa isla misteriosa entre el jardín
y la pared de la casa, entre el abrazo de las hojas enormes
y el abismo de la memoria anterior hacia donde nos inclinamos
sin caer, sin dejar de caer, sabiendo un poco mas
de ese no saber en crecimiento.
Algo de un río mas allá, algo de alguien
que murió y está a punto de morir de nuevo en la imaginación, en aquella
extraña zona aledaña donde se quemaron los árboles
una madrugada. Veíamos las lenguas de fuego
ascendiendo como un sol que se desintegraba. Alguien: una sombra raída
que pasa en bicicleta murmurando balbuceando anunciando
el advenimiento de algo terrible, como si la bicileta estuviera
a punto de ser tragada por una abertura en la tierra, mientras
el humo se estanca, acre y dulce por el polen.
Una música no deseada sube
serpenteada hasta esta piedra fatídica, ventana fundida, licuada
por un ensimismado astro: Saturno y su campo magnético
envolviendo la cifra entera del tiempo en ese jardín
maculado por la carcoma. Una música
en corriente que sube, en goterones al acecho. Una pátina
de deseo exceso sobre el puro lienzo
donde se escribía la elegía con hilos de arena, sangre negra, ramas
podridas y el hinchado cielo oscuro y solar
de San Gregorio de Polanco. En el hueco fetal
que dejaron las palabras arcanas al quemarse y
extinguirse. La nada varia del lenguaje exterminado
para que un nuevo encandilamiento emergiera
de ese mismo légamo o legado.
La sensibilidad sola, la sensibilidad pura
obnubila. Es necesaria la lucidez
como contrapeso. Aquellos retazos de canciones
no lograban armar el rompecabezas de una época, de una
ficción emocional, debería decir. Canciones fragmentadas
por el olvido que me rozaban como un aroma
para recuperar instantáneamente lo que yo creía
la quintaesencia de aquel mundo oculto. El olvido, precisamente,
se encarga de preservar lo esencial. Como
el aroma de la lucera, frío, que entra por la ventana
y envuelve mi almohada, tibia, densa.
(para Eduardo Darnauchans in memoriam)
(1989-1997)
17.
ANDAR BLANCO
Después de haber caminado juntos en sueños
Y haber sentenciado la impura presencia
Del tiempo, tan fugaz pero cayendo saciado
Sobre nosotros, adiviné tu mirada
En las caídas y oscuras hojas del álamo,
Suavemente alterada por otra magia
Que solo puede nacer de la poesía.
Un atardecer humoso, una hoguera
Que se adivina contra las paredes;
Un atardecer viendo árboles y casas:
Claroscuro, percepción inquietante
De un aleph silencioso y vasto
Como aquellos lejanos atardeceres de Rembrandt.
Heridos, indefinibles, estamos juntos.
El frío toca tu frente. Indescifrable pareces
Cuando imagino tus párpados viendo muros blancos.
(1981)
ANDAR BLANCO
Después de haber caminado juntos en sueños
Y haber sentenciado la impura presencia
Del tiempo, tan fugaz pero cayendo saciado
Sobre nosotros, adiviné tu mirada
En las caídas y oscuras hojas del álamo,
Suavemente alterada por otra magia
Que solo puede nacer de la poesía.
Un atardecer humoso, una hoguera
Que se adivina contra las paredes;
Un atardecer viendo árboles y casas:
Claroscuro, percepción inquietante
De un aleph silencioso y vasto
Como aquellos lejanos atardeceres de Rembrandt.
Heridos, indefinibles, estamos juntos.
El frío toca tu frente. Indescifrable pareces
Cuando imagino tus párpados viendo muros blancos.
(1981)
viernes, 23 de abril de 2010
16.
1977
La guitarra de Andrés Segovia aligera el aire de la
tarde, lo amañana, se dispara con el viento seco y
encendido, se va entre los árboles rumbo al campo,
envuelve y suaviza el sonido hueco y seco de los yu-
yos muertos, o se queda como un pozo de agua fres-
ca en la sombra, se combina extraña con los ranchos
y los perros que ladran a los espectros temblorosos
del aire caliente, perros también espectrales, demo-
nios oscuros como oquedades en el ciego resplandor
expansivo, dormitando bajo los naranjos, el viento
cercenado por los alambrados se lleva los arpegios
y los acordes a los bajos, los eleva hacia los altos de
las tenues lomas, los hace tomar el sendero disciplina-
do y secreto de un camino entre pinos de luz oscura
y aroma filoso rumbo a la aparición restauradora de
la calma mas profunda, ese centro impalpable, impo-
sible, de alguna manera sólido, donde se queda el agua
en la tierra, donde entran los pies atónitos a aclararlo
todo, a difuminar el tiempo con el polen, intenso en
todas partes.
(para mis amigos, los hermanos Pablo y Arturo Casalás)
1977
La guitarra de Andrés Segovia aligera el aire de la
tarde, lo amañana, se dispara con el viento seco y
encendido, se va entre los árboles rumbo al campo,
envuelve y suaviza el sonido hueco y seco de los yu-
yos muertos, o se queda como un pozo de agua fres-
ca en la sombra, se combina extraña con los ranchos
y los perros que ladran a los espectros temblorosos
del aire caliente, perros también espectrales, demo-
nios oscuros como oquedades en el ciego resplandor
expansivo, dormitando bajo los naranjos, el viento
cercenado por los alambrados se lleva los arpegios
y los acordes a los bajos, los eleva hacia los altos de
las tenues lomas, los hace tomar el sendero disciplina-
do y secreto de un camino entre pinos de luz oscura
y aroma filoso rumbo a la aparición restauradora de
la calma mas profunda, ese centro impalpable, impo-
sible, de alguna manera sólido, donde se queda el agua
en la tierra, donde entran los pies atónitos a aclararlo
todo, a difuminar el tiempo con el polen, intenso en
todas partes.
(para mis amigos, los hermanos Pablo y Arturo Casalás)
jueves, 22 de abril de 2010
15.
LUZ INUNDADA
I
A esa claridad deviene
una abierta caja
de temblores y vigilantes
adormecidos, descuidos y
descubrimientos que asombran. El halo
en el rincón mas lejano
del jardín. La interrupción
traumática de la historia. Vaivén
de hojas lento que hace
caer las gotas de la lluvia
nocturna. Piel verde
de animal que tiene algo de
vegetal. Esa línea no es solo
el horizonte. Es una manera
de moverse, casi imperceptible. Es un
tacto secreto, un roce sutil
que la mirada no ve. La nube
petrificada en el centro, el
halo que retorna. El claror
renovado entre el muro y
la casa de los antepasados, la
voz perdida en la sustancia
polimorfa del tiempo. Habla
difuminada. Palabra nublada. Tarde
con olor a tierra mojada que
hace imaginar el extraño derrotero
de la lluvia, la pirámide
que se desintegra
minuciosamente. La tensa, efímera
forma del triángulo. Por allí
insistían los pájaros.
Un afluente menor de los
grandes ríos, una destilada
sustancia empapando todos los sentidos, todos
los espacios latentes. Se traducía
en un campo de color restringido, en
una sola dirección
que no agotaba el tumulto
edénico de los pájaros. Vuelta
atrás al alba y su atmósfera siempre
indecisa.
II
Bajo un cielo desmesurado
arena. Unidos por una luz irreal.
No es solo el sol a nuestras espladas.
Luz irreal por nuestra mirada
interior. Trama del verano.
Trampa minuciosa.
Distancia cegadora: médano:
cielo cristalizado de mediodía.
Tapiz excéntrico: la materia espectral
se hace corpórea como si una mesa o
un trozo de pared
vinieran de otro mundo hacia nuestro
tacto. Hacia la sed de nuestras
manos. Los objetos concretos
son enviados
a un reino espectral
para volverse
extraños, suspendidos en el
vacío. El
trozo de pared o la mesa
se distancian de nosotros, cruzan
una frontera imposible para
nuestros cuerpos y nuestras mentes (textura
de una quimera,
veladura inconmensurable
(l993)
LUZ INUNDADA
I
A esa claridad deviene
una abierta caja
de temblores y vigilantes
adormecidos, descuidos y
descubrimientos que asombran. El halo
en el rincón mas lejano
del jardín. La interrupción
traumática de la historia. Vaivén
de hojas lento que hace
caer las gotas de la lluvia
nocturna. Piel verde
de animal que tiene algo de
vegetal. Esa línea no es solo
el horizonte. Es una manera
de moverse, casi imperceptible. Es un
tacto secreto, un roce sutil
que la mirada no ve. La nube
petrificada en el centro, el
halo que retorna. El claror
renovado entre el muro y
la casa de los antepasados, la
voz perdida en la sustancia
polimorfa del tiempo. Habla
difuminada. Palabra nublada. Tarde
con olor a tierra mojada que
hace imaginar el extraño derrotero
de la lluvia, la pirámide
que se desintegra
minuciosamente. La tensa, efímera
forma del triángulo. Por allí
insistían los pájaros.
Un afluente menor de los
grandes ríos, una destilada
sustancia empapando todos los sentidos, todos
los espacios latentes. Se traducía
en un campo de color restringido, en
una sola dirección
que no agotaba el tumulto
edénico de los pájaros. Vuelta
atrás al alba y su atmósfera siempre
indecisa.
II
Bajo un cielo desmesurado
arena. Unidos por una luz irreal.
No es solo el sol a nuestras espladas.
Luz irreal por nuestra mirada
interior. Trama del verano.
Trampa minuciosa.
Distancia cegadora: médano:
cielo cristalizado de mediodía.
Tapiz excéntrico: la materia espectral
se hace corpórea como si una mesa o
un trozo de pared
vinieran de otro mundo hacia nuestro
tacto. Hacia la sed de nuestras
manos. Los objetos concretos
son enviados
a un reino espectral
para volverse
extraños, suspendidos en el
vacío. El
trozo de pared o la mesa
se distancian de nosotros, cruzan
una frontera imposible para
nuestros cuerpos y nuestras mentes (textura
de una quimera,
veladura inconmensurable
(l993)
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