viernes, 30 de abril de 2010

22.


esa frase caracolea, dentro del invierno
todo. Invierno por las manos
blancas, abiertas, sin nada salvo
el blanco. Salvo una historia
difuminada, constelación
sonora, agua intangible,
rumor nuestro, pobreza de otros.
Caracolea la frase, espectral como
todo lo nuestro, como todo
el camino, irreal
como todos los crepúsculos
deslizados. Y sus árboles
aguados y sus aguas
arborescentes: espejos
en movimiento. Como todo lo nuestro.
Como todos nuestros dioses
interiores.
Preparados para morir
ligeramente.
Reflejo violáceo que no
revela la hondura de la laguna.
Ligero. Liviano. Realidad hecha
aliento, halo todo, silencio blanco sin
palabra negra, sin idea infiel, sin
presentimiento final, sin influencia
fluyente. Pero no todo nuestro, no
todo así de simple. Sencillo como
el agua de todos nuestros años: planeta
que fluye entre los pies nuevos. Algo
por fuera de la ciudad, por sus
alrededores. Algo sordo y vasto
como un abrazo de sombra.
Si quedamos ahí sin movernos
se lo percibe. No hay voz ni
mirada lapidaria que lo detenga.
Sonando dentro de un caparazón
su rumor monstruoso hasta que viene la
alborada desde el oriente:
ala transparente, angélica.


(de EN UN CLARO)

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