martes, 16 de marzo de 2010

12.


El invierno es un temblor blanco, una pared iluminada por un sol
desarmado. Así, la ausencia de la belleza impregna también la ima-
ginación. El rostro enfermo no deja recuerdo. El dolor es la causa
del olvido. Tu guitarra atraviesa el aire transparente de la noche,
aliada de los paraísos y de los perros miserables. Bagualas y zam-
bas de inexistentes parajes. Tal vez fuiste el primer artista que co-
nocí, en aquella era que parece un desprendimiento que negara el
paso del tiempo, empecinado por quedarse y sobrevivir en mi men-
te por necesidad de un resplandor perenne para enfrentar la inmi-
nencia de la tiniebla. Los rostros desaparecen, quedan blancos en
mi memoria como ideas, cuando la búsqueda es encontrar un estí-
mulo sensible, una apariencia material para volver a aquel lugar.
Aquellas formas de vida que no tienen referente en la realidad ac-
tual, y que yo relaciono con la juventud de mis padres: los campos
nocturnos, el aroma a pasto mojado y la locura de los bichos de
luz alrededor de las rodillas. La amenaza del impulso de desapare-
cer transtorna la opacidad del mundo, un deterioro de la energía
que tendría que concentrarse. No recupero acorde alguno ni la esen-
cia de aquel tiempo. Debo destruir lo que creí evolución y aprendi-
zaje. La infancia de mi poesía está impregnada de aquellos aromas
y de aquellos sonidos. Me despierto cada día midiendo las ideas que
me separan de aquellas orillas de luz cegadora. Desvanecidos mundos
de especulación. Solo la experiencia de reencontrarme me puede de-
volver el origen. Un punto de referencia como aquella minúscula i-
magen religiosa que resplandecía en la oscuridad del cuarto de mis
abuelos y que yo miraba hipnoptizado y desvelado sin saber la ra-
zón: solo que era una realidad que no sabía de preguntas. Estaba allí
en la pieza mientras todos dormían y parecía tener alguna relación
con la luz de la luna y las flores del cedrón de la cruz que yo no podía
ver pero sí oler desde la almohada mojada por mi sudor. Ellos no
podrían reconocerme ahora ni entender porqué cambió mi rostro.

(1991)

1 comentario:

  1. Ya por entonces yo tenìa conciencia de clase y veìa la contradicciòn de ser un niño pobre hincha de Estudiantes (era, como lo es, hoy)cuadro de (los) Ezquerra, la hinchada (cosa rara) estaba integrada por adultos no habìa niños ni adolescentes lo que acentuaba aùn màs mi extrañamiento, mi rareza esencial...

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