jueves, 4 de marzo de 2010

6.


La isla de la conversación borra los detalles
del mundo que la rodea, repetida entre espejos
de la tarde violácea hasta el infinito de si misma,
protegida en su atmósfera: coraza o caparazón
secreta. Afuera, las columnas vagas,
los animales taciturnos que huelen la sombra,
el aroma del rocío o la sangre. Ellos levantan
la mirada hacia las constelaciones
confusos y vencidos. Plantas que respiran
el final. Enjambre que vuelve, extraviado,
al mismo lugar a detenerse sobre la mano blanca
de un campo, aparecida de los árboles.
Luna apocalíptica, alquimia enloquecida. Memoria
súbita que colapsa todas las ideas, deja en suspenso
al tiempo ordenado por sus límites. Ahora emerge
la espuma hecha de palabras arbitrarias. La
secreción real de esos troncos putrefactos
es parte de la quimera. Pueblo espectral,
parque obsesivo, pesadilla de insectos
en la ola de calor de un cíclico enero.

Mundo a punto de ser arrastrado por
el agua turbia de un río oscuro y absoluto.

(1986)

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