jueves, 4 de marzo de 2010

7.


Era mas espectral a medida que la materia se hacía
mas densa, mientras nuestros deseos y nuestros afectos
se perdían. Destellos efímeros como las luciérnagas
alrededor de la casa solariega, entre los sauces y los
fresnos, un poco mas allá del camino, antes del puente
de piedra. Huérfanos verdaderos entregados a la trans-
ferencia sutil de un aliento esencial para ser reconocidos,
hundidos en un perenne silencio de fondo, liberados
del infierno sonoro de las cosas inconexas, separadas
de nosotros desde siempre. Sensibilidades labradas
con paciencia en la calma de la noche, después del de-
sequilibrio insoportable del atardecer. Mensaje imper-
ceptible detrás del velo de los rostros, descifrable solo
por la mirada. Perdidos en lo oscuro de un fragmento
de tiempo comprendíamos, por esa caída, la totalidad.

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