41.
VI
A entereza inmóvil se transfigura este todo
hecho de fragmentos, simbólicos límites
de una comprensión reducida a lo físico:
el laurel blanco del patio, el día
perdido entre innumerables, fijado
con una cruz en el calendario,
un claro acorde de una canción imprecisa,
una frase que intenta definir
y agotar una experiencia. De repente
desde siempre estuvo esa oscuridad
resplandeciente que prescinde del lenguaje.
Nítidamente resuelta en el umbral de la madrugada.
(de DOCE POEMAS PROBLEMATICOS, 1995-1997)
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