44.
La memoria de un paisaje
es la reconstrucción en la tranquilidad
de su efecto en los afectos. La extrañeza
que impregna todo lugar de origen:
es zona donde todo lo omitido se desliza
por ciertas partes del cuerpo secundarias,
marginales.
Palabras emitidas que no llegan a destino
porque ese destino se desintegró
por el roce del pensamiento, como cuando
perdemos el lugar preciso de la fuente del parque
y caminamos desorbitados, guiados por la
inestable gama cromática del instinto
y no sabemos responder las preguntas concretas
que se tornan inesperadamente ambiguas. O guia-
dos por la frescura
del amanecer en esa zona indefinida
que no es campo ni ciudad, ni día ni
noche. Nos alejábamos del centro
agobiante de la ciudad, con su sopor
de igual naturaleza que mi estado de ánimo:
constante molestia de fondo que
limitaba tus movimientos porque lo otro
-aquella mi forma de torcer la inercia
de los acontecimientos- permanecía intangible. Lluvia
secreta que renovaba la esencia de tu cuerpo,
largo y resplandeciente en la penumbra mohosa.
Aquella luz oscura que yo traía
de un tiempo anterior
como el golpe súbito de una revelación que eras
capaz de captar en el aire crispado que nos envolvía.
(1993)
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