martes, 2 de marzo de 2010

2. DECADA (DRIPPING)


Conductos en la arenisca
bajo la corriente,
el movimiento transparente
altera mis sentidos, deforma la memoria. La variedad de colores
mutantes y oscuros bajo el resplandor plano y fugaz,
leídos y sentidos por mis pies helados: el pintor frustrado
que respira en algún lugar de mi mente
se funde en el ejercicio del dolor por la memoria. Toda la existencia
se concentra en ese instante, en ese vértigo efímero
atrapado en el silencio solar de una tarde de enero,
en ese verde silencio y en el arenal ardiente
que tiembla a la altura de mis ojos. Sigo por el lecho del río
intentando sentir el asombro de una curva, la variación
de un nuevo paisaje, luchando con la muerte de mi
mente. Resbalo en el musgo del fondo,
no puedo concentrarme: las gotas de sudor
corren por mis ojos.


No existe respuesta posible a ese intangible rumor líquido,
movimiento sin palabras, decir sin ideas, especie de caos
proliferante o vacío absoluto en espera constante. Los brotes
caliginosos en una silenciosa morada azulada, interior
de antepasados que parecen no haber estado nunca allí,
muebles con el aroma áspero a moho y humedad, melodía
lenta y densa mas allá de esa presencia vaga
como un falso recuerdo pero que aún parece escucharse,
casona adentro de un estanque, campo con niebla,
pastos y tierra negra, dentro de un resplandor
que agudiza y exaspera la sombra inmensa de los
árboles. Mundo dentro de esa especie de
líquido que es un recordar constante en el olvido.


Una corriente sonora
en el hueco que deja el pensamiento
detrás de la mirada encandilada por la luz. No hay cambios,
ni la quietud tiene el mismo sentido. Sonidos atropellados
que se parecen a un rumor ardiente o
a un líquido desconocido que sumerge los pies vacilantes
o al mareo que produce la intensidad:
transtorna y aleja la revelación, el vaivén
de una melodía deteriorada por el sonido seco
de los insectos. Oscuro murmullo
que viene de la sombra, inminencia
de una tormenta.

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