10.
¿Cómo decimos la tonalidad
precisa de ese ambiente
donde las moscas se ponen activas
y algo queda grabado en el agua y no
en el bronce, cuando se rememoran
árboles y no personas, tiempo
que pasa y no la historia? Una constelación
de afectos imprevisibles en su nada:
el destello de unas manos
que escriben sutilmente un movimiento
para ser perdido. Escribir
el contorno de las fronteras
infranqueables. La nebulosa
pétrea que está ahí, al alcance de
las mismas manos en su esfuerzo imposible,
urdiendo su propia caída
de la casa de Usher, enclaustradas
en esa habitación agobiante
que recibe el color del crepúsculo
en forma de eco. Creando un reino
ambiguo: un tango saboreado con reservas
en un momento de ocio o
de pérdida de orientación, guiado
por el reducido espectro de un instinto
animal. Un rastro que solo el olfato
percibe, por ejemplo,
porque la soberbia del método
o la precisión del sistema
se corroen a la intemperie.
(1987)
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