martes, 8 de marzo de 2011

52.


En poemahoja vimos esa belleza
involuntaria que salta a los ojos,
oscurecida por el oráculo que mide
y razona en mí y fuera de mí,
minucioso invasor, enemigo en
casa, deslumbrante de
ciencia negativa, en el peso y en el
pozo de toda esta existencia,
aquí, en este único lugar, en
este solo orden de cosas. Lo
que susurró era jardín muerto, campo
sembrado y devastado. Manteniendo
con penuria una posición
hecha de alba con su leche
de vaca sagrada, con su esencia
de polen y río.


No tengo mar, sí el mar
antiguo del campo, el mar desaparecido
como extinguida mi conciencia, reducida
a estímulo- respuesta, pero viene
pretérita la imagen violeta y
verdecida de este anterior a todo, esa
piedra fundida en el cielo, las
voces en otra dimensión que parecían
traer una verdadera y absoluta
solución de fondo cuando hablaban
de mínimas hipotéticas existencias desde
aquella laguna inconmensurable y
sombría: la única deidad la misma
húmeda y reptil como lluvia
viva sobre todo.


(de FRAGMENTA)

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