jueves, 10 de marzo de 2011

54.


en esa meta ínfima infinita se deshoja, se deshora en su tiempo no deseado
cuando despiertos quedamos dentro de un sueño posible, en ninguna hora
caballo alado hacia su horizonte haciéndose línea, esencia perdurando. Y a-
llí caemos en pura distancia de nube y casa solariega tímidamente soleada
en pura memoria aireada como divinidad nunca vislumbrada, ella estando
ahí, allí, acá lejos, allá cerca de nadie y de todos, no estar en ese aroma a pas-
to mojado en invierno de mar vaivén azul en el campo abierto, campo sem-
brado de sí, puro elemento, destino circular atrás donde volvemos consu-
mados, ¿ cuando estamos en ese lugar eterno retorno? De tardío conocimien-
to se hace semilla, almohada transparente siempre en caída en entera lumbre
que se labra y nunca se perfecciona ni es entera: dentro una torcaza en el
otro campo de mañana que se hizo espectral. Navío, errante, proa en proeza
de niebla.


Nos empoza a ambos con manos sueltas en la arboleda de luz polvorienta,
luz polen, luz de arena fina como ese amarillo pardo verdoso de las ramas
del laurel en la tarde de primavera (así lo recuerdo), como ese río reseco
que no corre, fluye en el aire que resuena: caparazón golpeada por las
chilcas, númenes súbitos, alrededor de la casa siempre, en ese pozo sin
fondo donde ahí sí está el agua en el negro frío y musgoso reflejando


(1997, de FRAGMENTA)

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