17.
ANDAR BLANCO
Después de haber caminado juntos en sueños
Y haber sentenciado la impura presencia
Del tiempo, tan fugaz pero cayendo saciado
Sobre nosotros, adiviné tu mirada
En las caídas y oscuras hojas del álamo,
Suavemente alterada por otra magia
Que solo puede nacer de la poesía.
Un atardecer humoso, una hoguera
Que se adivina contra las paredes;
Un atardecer viendo árboles y casas:
Claroscuro, percepción inquietante
De un aleph silencioso y vasto
Como aquellos lejanos atardeceres de Rembrandt.
Heridos, indefinibles, estamos juntos.
El frío toca tu frente. Indescifrable pareces
Cuando imagino tus párpados viendo muros blancos.
(1981)
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