lunes, 3 de mayo de 2010

24.


I.


Tallos alumbrados, interiores
sin límites claros, todavía alrededor,
ese encuentro súbito que
está mas allá vivificando el
método con una especie de memoria
proliferante de arena y hojas,
de soles oblicuos, consumación
que retorna a la simpleza
del origen: vacío intenso sin
cualidad donde el espacio y el
tiempo se aquietan en su
movimiento continuo. Resplandor
de silencio líquido. En reposo.


II.


Vestigio de centro: luz rodeada
de sí, salto, estiramiento de
un estilo, de una manera. Ladera,
marea quieta, bajo el cenit
de todo claror: alborada, arboresce.
Abrazo de rama blanca, blanda.


III.


Sólido enemigo, desde
antes, amago, señal sin
otredad, pura en sí, misma
dureza que también así
fluye: así es genuina, solo
es, ni verdadera ni falsa,
señal central, centrada
en todo en nada, ni
vence ni convence, viene
en vano y se hace
enteramente
mañana y atardecer:
llega tarde se va
temprano.


IV.


Perdida aquella luz, caer en
el vértigo de una nueva extraña
experiencia: pura piel de árbol
aliviada de su sombra áspera
y su otra cara: una mañana
cegadora, caída del cielo
de un tiempo final, último
cantar que fue prístino que
decía transparente su
aroma verdadero. Luz que
nunca fue nuestra y que ahora
nos envuelve.


V.


Abajo el milagro en esta
landa nuestra en guerra por su
piedra de caras innumerables, planta
enigma de un día durando, con
algo de luz hundida en su misma
agua alumbrada, laurel blanco
como pensamiento que corre por la
piel transfigurando, vivificando,
atravesando los límites que
damos nombre y que quedan sonando
en su propia zona de no ser,
solo su oquedad de estar
mas acá, en esta edad de
nada, de no dar, ni día ni
noche, esas antípodas de
esplendor, esas rarezas
encendidas.


(de EN UN CLARO)

1 comentario:

  1. Comentario-24: faltan 24 horas para el mièrcoles 5 de mayo de 2010 de la borrachera del lilo y su diàlogo elogioso con el artista plàstico del barrio don Audemar, ambos intercambian saludos y direcciones de celular y mail, mientras yo agonizo en el bochorno, la desdicha y la humillaciòn nada borgeseana, màs bien bagacera, pachorrienta, ¡el plancha soy yo!

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