jueves, 7 de abril de 2011
66. Respirar no en las ciénagas derivadas o en caída inevitable hacia el púrpura, sino en consumación que alborea, en fundición en el antes y en el después, en el aire prístino de la oscuridad luminosa, en el viento renaciente. Respirar para ver en vidanueva la imagen real de la esfera paradisíaca: sus puras criaturas ensimismadas bajo el cenit en vuelo, sus blancas piedras incorpóreas del centroconseguido. Del centrodichoso. O el centrogozoso de mas aire, de mas aura, el centro de nosotros, en cerrazón de inicio del día entero y poseído porque se va de las manos, del aroma mirado por nosotros, siempre encerrados en buscar constante del mas acá, entre los sauces y los nombres que damos para tener y perder para siempre. Los nombres que ocupan el tiempolugar del concepto de las cosas, de la ideación turbia que cree ver, la mirada nublada que cree entender. (de FRAGMENTA)
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